El tenor rumano Teodor Illincai y la soprano japonesa Eri Nakamura.
El tenor rumano Teodor Illincai y la soprano japonesa Eri Nakamura.

Por José Luis Arredondo

La ópera ‘Romeo y Julieta’ del compositor francés Charles Gounod, ha vuelto al Teatro Municipal de Santiago después de 13 años de ausencia. Y lo ha hecho en muy buena forma. Tragedia amorosa por esencia, salida de las “Metamorfosis” del poeta Ovidio (como Piramo y Tisbe), logra el cenit literario y teatral bajo la pluma de William Shakespeare, y desde entonces inunda la historia del arte bajo todas las formas posibles: escultura, pintura, danza, música, teatro, cine, literatura y más. Gounod no fue ajeno a este influjo y puso en música esta tragedia, en esta ópera que se estrenó en París en abril de 1867 sobre libreto de Jules Barbier y Michel Carré.

La presente versión del Teatro Municipal, escenificada por Jean-Louis Pichon, ha contado con un elenco de primera linea en su versión internacional, con un trabajo musical-escénico de la soprano japonesa Eri Nakamura en un nivel de absoluta excelencia. Nakamura logra dibujar con total solvencia a una Julieta que cruza todos los matices del carácter, desde la inocencia juvenil del comienzo hasta el desgarro amoroso de las escenas finales (despedida y muerte de los amantes). Dueña de una voz de gran agilidad, la soprano exhibe un completo dominio técnico de la coloratura, y logra transmitir una seguridad pasmosa en la ejecución del rol; su voz clara y segura alcanza todas las notas con total seguridad y expresividad, y su entrega es la de una artista que, a pesar de su juventud, ya exhibe un dominio de sus recursos que la ponen al nivel de las grandes.

No le va a la saga el tenor rumano Teodor Illincai como Romeo. De bello timbre (con resonancias al de Roberto Alagna) y color, Illincai se apropia del rol, al igual que su compañera, y entre ambos consiguen una química no muy frecuente en parejas escénicas operísticas. Illincai luce joven y heroico, canta con aplomo, volumen, carácter y seguridad, y nos entrega una interpretación de gran credibilidad en lo escénico y vocal. Su material luce maduro, llega con facilidad a las notas agudas y pinta un Romeo de tomo y lomo.

Secundan muy bien como Fray Lorenzo el bajo-baritono Homero Pérez-Miranda, Gaelle Arquez como Stephano y Evelyn Ramírez como Gertrudis. Mención especial merece la conducción orquestal del franco-canadiense Yves Abel, quien extrae toda la rica gama de matices de la partitura para conformar un cuerpo sonoro de tremenda belleza, delicadeza e intensidad dramática.

Como de costumbre, ‘Romeo y Julieta’ cuenta en el Teatro Municipal con dos funciones interpretadas por el Elenco Estelar. En este marco debutó en el exigente rol de Julieta la joven soprano chilena Paulina González, cuyo comienzo en el estreno (viernes 26 de julio) fue un tanto inseguro. A medida que avanzó la ópera, logró dar con todos los matices vocales necesarios, hasta obtener momentos de gran calidad y belleza en la zona media y baja de la voz. Sus agudos por momentos se le “escapan” y lucen un poco gritados o estridentes, problemas que, con el buen material que posee Paulina Gonzalez, resultarán totalmente subsanables.

A su lado, el Romeo del tenor estadounidense Zach Borichevsky cumple bien aunque no al nivel de Illincai. Se nota una voz que está aún en busca de su “centro”; no hay inseguridad pero todavía va en camino hacia lo que es un tenor lírico pleno, que puede llegar con el tiempo a spinto. En lo escénico, demostró compromiso y fue excelente compañía y apoyo como pareja escénica para Paulina Gonzalez. En este elenco hay que destacar especialmente, por calidad y solvencia, el Mercutio de Patricio Sabaté y el Fray Lorenzo de Ricardo Seguel, al igual que el Stephano que compone Marcela González.

Escénicamente esta versión de ‘Romeo y Julieta’ queda al debe. La regie de Pichon es básica y sin “lectura”; puso en escena la obra sin mucho más, apeló a recursos gruesos para diferenciar las familias rivales (un color para unos, otro color para los otros) y eso sería todo.

Se trata, sin embargo, de una producción que en definitiva alcanza gran nivel y no se ve opacada por tales detalles. Un título emblemático de la lírica del siglo XIX que permanecerá en cartelera en el Teatro Municipal de Santiago hasta el 30 de Julio de 2013 y que recomendamos con completa seguridad.

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