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Por José Luis Arredondo

El 30 de enero de 1889, en el pabellón de caza de Mayerling (una aldea situada en el valle de Helenenthal, a pocos kilómetros de Viena, que había sido un antiguo dominio de la familia imperial), los cuerpos del príncipe Rudolf (hijo del emperador Francisco José y de la emperatriz Elisabeth de Baviera, más conocida como Sissi) y su amante María Vetsera, aparecen muertos. El hecho tiene todas las apariencias de ser un suicidio doble; apariencia, porque hasta hoy no hay acuerdo entre los historiadores si se trató efectivamente de un suicidio, de un crimen amoroso o un asesinato político.

Con estos elementos y optando por la teoría del suicidio doble, el coreógrafo inglés Sir Kenneth Mc Millan (1929-1992) construye su monumental ballet “Mayerling”. El argumento nos presenta a un príncipe Rudolf (Luis Ortigoza) oscuro y extremo, de carácter inestable y obsesionado con la muerte (clave es la permanente presencia de armas en sus manos) rodeado de una corte que lo asfixia, vigila y cela junto a sus amantes y padres. A medida que avanzan los tres actos, Rudolf se sumerge en una espiral de sexo, alcohol, violencia y morfina, todo agravado por una sífilis que lo lleva finalmente a la locura.

La música, elemento primordial de todo ballet, es obra del maestro Franz Liszt (1811-1886) en arreglos y orquestación de John Lanchbery. La partitura arranca de forma muy tenue y casi “decorativa” durante la primera escena (el matrimonio de Rudolf con la princesa Stephanie), para asomar cada vez más dramática y oscura a medida que avanza la obra. Un acento especial pone en esta progresión el piano (que no vemos pero escuchamos ya que esta situado tras la escena) a cargo del maestro Jorge Hevia. La orquesta Filarmónica, de gran performance una vez más, es conducida por José Luis Domínguez.

El marco para este relato romántico y trágico lo constituye una escenografía de grandes proporciones y un vestuario preciosista y muy lujoso de Pablo Núñez (con la aprobación de Lady Deborah Mc Millan), donde se recrean, sin escatimar recursos, desde los fastuosos salones del palacio de Holfburg hasta un bosque cercano a la localidad de Mayerling, lugar de funestos sucesos para la familia real.

“Mayerling” constituye el trabajo más complejo e importante de Mc Millan, una coreografía de gran extensión y dificultad técnica y actoral para los bailarines. No se trata aquí sólo de dibujar movimientos en el espacio, sino de expresar con el cuerpo, dentro de la técnica del ballet clásico, significados de gran dramatismo que deben transmitir conceptos y sentimientos extremos.

De este desafío, la compañia del Ballet de Santiago sale más que airosa, partiendo por un excelente trabajo de Luis Ortigoza como el príncipe Rudolf (rol compartido por Rodrigo Guzmán), magníficamente secundado por Natalia Berríos, Andreza Randisek, Khaterine Rodríguez y María Lovero entre otros solistas. Una mención especial merece la mezzo chilena Evelyn Ramírez, que interpreta el rol de la “amiga” del emperador Francisco José y que tiene a su cargo una breve pero magnífica parte cantada.

“Mayerling” constituye un estreno absoluto en Latinoamérica y, por lo que vimos en escena, debiera constituirse en el evento de 2013 en cuanto a ballet clásico. Las funciones programadas en el Teatro Municipal de Santiago van desde el 10 al 15 de octubre.

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