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Por José Luis Arredondo A.

Dice Peer Gynt: ‘Romper todos los lazos que ligan a la tierra natal y a los amigos, hacer volar por los aires la propia riqueza, despedirse de la dicha del amor para desentrañar el secreto de la verdad ¡ He aquí la conducta de un autentico investigador ! ¡ Me siento tan feliz! Ya he resuelto el enigma de mi destino; ahora sólo me resta perseverar en la dicha y el la adversidad’.

Este es uno de los textos centrales que brota de la boca de Peer Gynt, el protagonista de la monumental obra homónima del autor noruego Henrik Ibsen (1828-1906) y que retrata a cabalidad su propósito de vida, una existencia hedonista que lo lleva desde su Noruega natal hasta el cercano Oriente y, ya viejo y destruido, de vuelta a su país.

Peer Gynt es un joven inquieto y arrogante a quien su aldea en los fiordos de Noruega se le ha hecho chica y asfixiante. Conquistador y apuesto va tras todas las mujeres que pueda seducir y, caracteristica fundamental, se deja llevar sin freno por sus sueños y quimeras.

Ibsen publicó su obra en verso en 1867 y no tenía pensado verla representada; intuía que un texto con infinidad de personajes y numerosos y distintos espacios era de muy dificil escenificación para la época. Sin querer había concebido un virtual guión de cine, antes que existiera el cine. Sólo en 1874 el escritor se decidió a que esta obra tuviera una puesta en escena y para esto, gran y afortunada idea, convocó a un compatriota suyo para que realize la música incidental del drama, este otro Noruego genial es Edvard Grieg (1843-1907). La obra se estrenó en Oslo en 1876 y tanto el texto de Ibsen como la música de Grieg quedaron inscritos hasta hoy entre las obras maestras que nos legó el siglo XIX.

El viaje de Peer Gynt en busca de su destino dura una vida. Es un periplo de resonancias Fáusticas en las que el mismo Gynt es su propio Mefistofeles, un hombre que busca un sentido que no acaba de encontrar sino hasta el final de sus días, cuando ya solo y al borde de la muerte vuelve a su tierra y a los brazos de la fiel Solveig, la mujer que lo amó y esperó durante una existencia entera.

La obra de Ibsen es gigantesca en su estructura y propósito, implica seguir la vida completa de un ser humano a través distintos parajes, reales e imaginados, y está plagada de resonancias míticas y de leyendas locales de su tierra ancestral. Hombres, mujeres y seres sobrenaturales entran y salen de la vida de Peer Gynt como figuras de un monumental tapiz en el que podemos seguir de forma lineal este viaje-descenso a los infiernos del delirio y la locura.

Llevar esta obra a la danza es un propósito tan gigantesco como la misma pieza Ibseniana y en el Teatro Municipal de Santiago la coreografía del maestro Ben Stevenson (para el Ballet de Santiago) logra plasmar con gran claridad toda la trama.

Soporte fundamental de este éxito resultaron el cuerpo de baile y los solistas, que en cada escena muestran un altisimo nivel de desarrollo profesional y de calidad.

El bailarín Lucas Alarcón luce seguro en el rol de Peer Gynt y logra dar todas las transiciones del personaje, desde su vigorosa juventud hasta su dolorosa decrepitud; la Solveig de M. Dolores Salazar no fue menos, como tampoco lo fueron El Rey de la Montaña de Miroslav Pejic y La Mujer de Verde de Maite Ramirez. Mención aparte amerita la Anitra de Natalia Berrios, un derroche de técnica y equilibrio que desemboca en una expresiva sensualidad.

La orquesta a cargo de Konstantin Chudovsky brilló como en sus mejores momentos y entregó toda la riqueza y complejidad de la partitura con fuerza y exactitud en los colores e intensidades. La partitura de Grieg es una musica que logra -sobre la base de un Romanticismo muy bien digerido-llevarnos hasta sonidos impresionistas para rozar en más de una oportunidad notas de un adelantado expresionismo.

Gran e imperdible jornada para este título que inaugura la temporada 2014 del Ballet de Santiago en el Teatro Municipal y que tendrá funciones hasta este jueves 17 de abril, a las 19 hrs.

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