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Katia (la soprano Dina Kusnetzova) y Varvara (la mezzo Evelyn Ramírez), en un momento del primer acto de la ópera ‘Katia Kabanova’, en el Teatro Municipal.
 

 
 
Por José Luis Arredondo A.
 

Este viernes 2 de mayo el Teatro Municipal de Santiago dio inicio a su temporada lírica 2014 y lo hizo con una fuerza que no se ve muy a menudo.

De partida, la elección del título. ‘Katia Kabanova’, del compositor checo Leos Janacek (1854-1928), estrenada en 1921 y ahora presentada por primera vez en Chile, constituye un título de referencia del teatro musical en el siglo XX. Se trata de una partitura plena de dramatismo, en la que sus timbres y colores dan cuenta de toda la herencia del expresionismo en perfecto maridaje con los sonidos folclóricos de la Europa central.
Luego, el principal escenario artístico del país le encargó -en un hecho casi inédito- la puesta en escena al cineasta chileno Pablo Larraín, nominado al Oscar 2013 por su película ‘No’ y quien debuta con este montaje en la dirección escénica de ópera.
‘Katia Kabanova’ se mueve en las aguas de la tragedia en el sentido clásico griego. Desde el preludio sabemos que nada bueno espera a la protagonista, quien, rodeada de un ambiente hostil tanto en lo humano como en el paisaje circundante, camina con paso seguro hacia su destrucción.
Mujer joven y dotada de gran sensibilidad, Katia vive presa de un matrimonio infeliz. Hostigada por una suegra déspota y autoritaria (Kabanija) y desprotegida por un marido débil y pusilánime (Tijon Kabanov), encuentra un alivio a su oprimida vida en el amor pasajero y anodino de un joven del pueblo, Boris. El problema es que el débil Boris no es capaz de asumir el compromiso, y deja sola a Katia con el peso del adulterio y la culpa, algo que ella, como mujer piadosa y criada en la Rusia rural del siglo XIX, siente como un pecado y acto merecedor del peor castigo.
 
 
En lo musical, la dirección del maestro Konstantin Chudovsky, director titular de la Orquesta Filarmónica del Teatro Municipal, consigue en ‘Katia Kabanova’ un trabajo muy solvente, ya que sabe extraer los matíces de la compleja partitura con gran calidad. Cuerdas, vientos y percusión son el soporte y marco perfecto a la tragedia que se desarrolla en escena y que se anuncia desde el comienzo en cada acorde, en toda una atmósfera de desesperación y fuerzas de la naturaleza desatadas con las que el músico checo impregnó su obra.
En lo escénico, Pablo Larraín propone un dispositivo visual de la más alta tecnología en alta definición y efectos 3D (con la dirección de arte de Cristián Jofré), a través del cual entrega una versión de depurada teatralidad y de bellísimo y estético refinamiento, que constituirá desde ya un punto de referencia en las producciones de nuestro Teatro Municipal.
Cuatro proyectores digitales de alta definición que despliegan cuidadísimas imágenes digitales en tres grandes pantallas le permiten a Larraín proyectar todos los ambientes, internos y externos, de la obra, con un dinamismo que mantiene el nivel de tensión de la trama de principio a fin. La sensación es que el espectador, al igual que los personajes, está envuelto en la atmósfera de la historia, y puede visualizar un paisaje dinámico y gélido, que se expresa en pequeños detalles, y que tiene vida (los árboles se mecen, el río fluye, las nubes surcan el cielo, un tren pasa, un ciervo mira al espectador con ojos brillantes, etc).
Idéntica importancia tiene la luz. El escenario se ilumina bajo los pies de los cantantes y desde las “paredes” de la casa de los Kabanov refulgen colores fríos que otorgan una cualidad de irrealidad (teatralidad) a toda la escena. Aquí encontramos, por ejemplo, claras referencias visuales al filme “2001, Odisea del espacio” de Stanley Kubrick, una influencia (la del cine) natural y esperable, dado el oficio de Larraín.
La nota discordante llega por el lado del vestuario de Montserrat Catalá), que luce tosco con un diseño hiperrealista que no logra asimilarse a la estética del montaje y resulta ajeno a la propuesta integral de la producción. En este aspecto faltó estilizar los trajes, de modo que no rompieran la atmósfera de refinada y pulcra visualidad que distingue esta propuesta.

El grupo de cantantes-actores luce parejo y con gran asimilación de los dictados musicales y de dirección escénica. En el elenco estacan especialmente la Kabanija de Susanne Resmark, la Katia de Dina Kusnetzova y, en una gran actuación tanto en lo vocal como en su caracterización, la Varvara de la mezzo chilena Evelyn Ramírez.
Esta producción de ‘Katia Kabanova’ marca así un gran inicio de la temporada de ópera del Teatro Municipal, un estreno que hacía falta para acercar al púbico al repertorio del siglo pasado y que llega con una magnifica puesta en escena, que debe abrir y allanar el camino para que los nuevos lenguajes escénicos empiecen a ser visitas recurrentes en nuestro principal escenario.

‘Katia Kabanova’ constituye un acontecimiento musical y teatral, que sin duda será uno de los puntos más altos de lo que podremos ver este año en materia lírica.
 

‘Katia Kabanova’, ópera de Leos Janacek, estará en escena hasta el 12 de mayo de 2014 en el Teatro Municipal de Santiago.

 
 
 
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