‘Barbero de Sevilla’ en Rancagua: Un triunfo artístico fraguado fuera de Santiago!

La célebre ópera de Rossini, en la producción del Teatro Regional de Rancagua.
La célebre ópera de Rossini, en la producción del Teatro Regional de Rancagua.

Por José Luis Arredondo

Inédito y memorable. Esos son los términos que mejor se ajustan a lo sucedido el pasado con el estreno de la ópera ‘El Barbero de Sevilla’ en el Teatro Regional de Rancagua, en la región de O’higgins.
Inédito porque es primera vez en nuestro pais que un teatro regional da inicio a una temporada operística de producción propia, con la participación de algunos de los más destacados interpretes nacionales y con un total de cinco funciones (tres de ellas abiertas a público, y dos galas con invitación, realizadas entre el 25 y el 31 de marzo). Y memorable porque la entrega de este primer título estuvo a la altura de las más altas expectativas.

“El Barbero de Sevilla” es, por lejos, una de las obras más logradas y aportatívas del compositor italiano Gioacchino Rossini (1792-1868) y una cumbre del género lírico-cómico. Se estrenó hace 199 años, en 1816, en Roma, y después de un abucheado estreno logró ganarse el favor del público hasta convertirse en una de las diez óperas que más veces se han representado en la historia de la lírica.

La partitura de Rossini es un cabal ejemplo de escritura belcantista ornamentado, muy propio del siglo XVIII, que en este caso acusa gran influencia de compositores como Mozart y Haydn, con un gran cuidado en la belleza de la emisión, la elegancia del fraseo y sobre todo una precisión y nitidez en la coloratura, que requiere de cantantes muy avezados en estas las lides.

La presente que estrenó el Teatro de Rancagua hizo plena justicia a los requerimientos antes mencionados. El barítono Patricio Sabaté entregó un Fígaro pletórico de energía física y vocal que dio cuenta de todos los complejos matices vocales y estados del personaje. Es claro que Sabaté conoce y maneja el rol lo suficiente como para conducir los tempos de la acción en sus escenas, al tiempo que consigue una excelente musicalidad en la arias y expresivo manejo en la “declamación” de los recitativos.

La mezzosoprano Evelyn Ramírez construyó una notable Rosina. Con un manejo del rol equiparable al de Sabaté, ella saca adelante todas las dificultades del papel, que requiere una seguridad absoluta en todo el rango de la tesitura y una agilidad a toda prueba que le permita acometer unos brillantes agudos y buena cantidad de coloratura; todo esto envuelto en un espíritu pícaro y malicioso que va a la par del Barbero en sagacidad y comicidad.

El bajo-barítono Sergio Gallardo se lució con un Don Bartolo de nivel y absoluta contundencia. Su entrega vocal y escénica resultan apabullantes y su manejo del rol es de una solidez poca veces lograda por un intérprete nacional. Dueño de una excelente técnica y reconocidas dotes histriónicas, Gallardo -que ha cantado ya este rol en más de 50 ocasiones- se empinó como uno de los puntos más altos de la jornada.

El bajo-baritono Homéro Pérez-Miranda dibujó en lo vocal y teatral un Don Basilio oscuro y de ribetes siniestros, y en el segundo acto dio un giro muy interesante a la comicidad del rol. Vestido con sotana negra, hizo gala de sus intrigas con un material vocal de gran potencia y expresividad.

El joven tenor Alexis Exequiel Sánchez sacó adelante un Conde Almaviva con creciente seguridad y fluidez, en una entrega que fue de menos a más. Sánchez ha progresado notoriamente en el desempeño de este rol, que requiere un fraseo de gran belleza y una impecable técnica de respiración que le permitan llegar a unos agudos brillantes y muy bien colocados.No se quedó atrás la soprano Paola Rodriguez en una buenísima performance como la criada de Don Bartolo y cuidadora de Rosina, Berta.

Un aspecto altísimo de este Barbero fue la presentación de la Orquesta Nuevo Mundo bajo la conducción del maestro Pedro Pablo Prudencio. El logro en la entrega de toda la riqueza y detalles de la partitura fue completo, al conseguir que cada grupo de instrumentos brillara en conjunto y por separado. Debemos hacer una especial mención a las cuerdas, que entregaron una interpretación a la altura de las mejores orquestas internacionales. Prudencio y sus músicos dieron con cada matíz a lo largo de las dos horas y media de ejecución musical, en una presentación que brilló por lo ajustada a estilo, brillo y expresividad.

La regie de Christine Hucke, dentro de los parámetros de una puesta convencional, hizo fluir la acción sin mayores tropiezos. La escenografía (Germán Droghetti) resultó clásica y totalmente funcional, si bien no se distinguió por construir un punto de vista original o un diseño que aportara renovada expresividad a esta ópera.

‘El Barbero de Sevilla’ de Rancagua alcanzó así un gran nivel en lo musical, que marca un hito en la producción lírica local y demuestra que con voluntad y recursos, un teatro regional se puede situar con comodidad dentro de las grandes salas de espectáculos líricos del país y, en un futuro cercano, del continente.

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