Exposición Cruces Liquidos

Luego de su paso por el Museo Nacional de Arte de Bolivia y el Museo de Arte Moderno de Chiloé, la exposición Cruces Líquidos llega al MNBA con atractivas instalaciones, piezas audiovisuales y pinturas experimentales.
Cruces Líquidos es un proyecto internacional, itinerante y comunal, en el que participan los creadores Juan Castillo (Chile-Suecia), Francis Naranjo (España), Joaquín Sánchez (Paraguay-Bolivia) y Juan Ramón Barbancho (EspañaEcuador), con la curatoría de Inés Ortega-Márquez (España-Chile).
La exposición se exhibió en el Museo Nacional de Arte de Bolivia a fines de 2014, y en el Museo de Arte Moderno de Chiloé, entre enero y marzo de este año. El público chileno podrá
continuar visitando esta muestra, ahora en el Museo Nacional de Bellas Artes, hasta el 20 de septiembre de 2015.
En su paso por el MNBA, Cruces Líquidos busca ahondar el entrecruzamiento y la contaminación entre las obras de unos y otros, y establecer así narrativas hacia adentro y hacia fuera —los públicos—, apoyándose para ello en las teorías de Zygmunt Bauman sobre la actual sociedad líquida.
Para la curadora, Inés Ortega-Márquez, los cuatro autores “desarrollan un arte actual y contextualizado; se sirven de su creatividad para manifestar sus reflexiones críticas respecto del orden político y de la realidad de una sociedad en permanente conflicto, desigual, deshumanizada. Se sitúan en un espacio ‘transnacional’; juntos y
separados elaboran un discurso plural, que no se autolimita a fronteras de pertenencia o de origen, sino que se abre a un mundo en el que todos caben y al que todos pueden pertenecer, poniendo en cuestión el concepto de autoría individual”.

Cruces Líquidos consiste en cuatro instalaciones multimediales —un espacio por autor— que contienen audiovisuales, fotografías, piezas inspiradas en culturas precolombinas, así como por ejemplo pequeñas vitrinas que contienen piedras que “sueñan” en un ambiente onírico que nos coloca en situación de pérdida de la realidad, o pinturas al té sobre lienzos de lino en un ejercicio de exploración de la identidad.
También, dos grandes elementos inflables: la reproducción de una barcaza en totora del lago Titicaca y un enorme toro dorado (obra de Joaquín Sánchez) que flota en altura sobre el hall del Museo, así como telas bordadas en oro y textos que desarrollan el sustento teórico de este trabajo, los que enfatizan la idea de cultura líquida.
De acuerdo a Roberto Farriol, director del MNBA, estos cuatro espacios “buscan manifestar una emergencia o alerta ante los complejos escenarios del mundo; de ahí que los artistas son expresión de un nuevo campo conceptual de trabajo colaborativo y de permutaciones entre los múltiples tiempos y dimensiones espaciales y culturales. Es así como ellos hacen uso de las salas del museo, planteando otras concepciones de referencia que reemplazan las coordenadas culturales dominantes. De esta manera, modifican también los modos tradicionales de
representación”.

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