Sexta ópera compuesta por Giuseppe Verdi, ‘Los dos Foscari’ (I due Foscari) pertenece al intenso período inicial de la creación del compositor italiano, que culmina en 1851 -justo antes de la trilogía consagratoria de ‘Rigoletto’, El Trovador’ y ‘La Traviata’- y en el cual escribió 16 óperas.

Dos años después del éxito triunfal de ‘Nabucco’, en 1844, Verdi confirmó su talento y celebridad con ‘Ernani’ (estrenada en el Teatro La Fenice en marzo de ese año). Eran tantas las ofertas de contrato, que Verdi buscó luego con ahínco un nuevo libreto para estrenar otra ópera ese mismo año. Para ello se unió de nuevo al escritor Francesco Maria Piave, autor de los textos de ‘Nabucco’, y ambos pusieron su atención en una pieza teatral en cinco actos de de Lord George Gordon Byron titulada ‘The two Foscari’, escrita en 1821.

Para su debut en Roma, Verdi pensó antes en presentar allí una ópera sobre Lorenzino de Medici, pero el tema fue descartado por la censura que entonces regía sobre la ciudad debido a que incluía un tiranicidio. El músico se volvió entonces hacia la tragedia byroniana, que le había parecido un texto ‘bellísimo, delicado y bastante patético’, y ésta fue aceptada sin objeciones por los censores.

Cuál es el argumento de ‘Los dos Foscari’? En Venecia, hacia 1450 (cuando la ciudad de los canales era una república) Francesco Foscari ocupa el cargo mas alto, el de dux o dogo. Su hijo Jacopo ha sido exiliado, pero se las arregla para regresar clandestinamente a la ciudad. En enemigo jurado de los Foscari, Jacopo Loredano, se entera del retorno del hijo de Foscari y lo denuncia al Consejo de los Diez, acusándolo de traición hacia la República. Por cierto, el joven Foscari es inocente de tales cargos. El dogo Francesco Foscari, obligado por el deber de su investidura, condena de nuevo a su hijo al exilio. Jacopo Foscari muere en el ostracismo, y su padre, quebrado emocionalmente, abdica y muere.

Resulta evidente que lo que fascinaba a Verdi del drama de Byron eran tanto las motivaciones ideológicas y políticas que presentaba Byron y la propia historia verídica de los infortunados Foscari, como la descripción de los perversos engranajes politicos que afectan dramáticamente los lazos y cariños familiares en nombre de una justicia hipócrita. Verdi veía en la historia de los Foscari el reflejo de la situación política que atravesaba Italia en ese momento, en especial en el aspecto judicial.

Byron era un escritor popular en Italia y cercano a ese país. Donizetti había escrito la ópera Marin Faliero (1835), y el propio Verdi pondrá en música más tarde, en 1848, la adaptación del cuento en verso ‘El Cosario’. A su vez, el trágico devenir de la familia del dogo Francesco Foscari (ocurrida en Venecia en el siglo XV) generó en el 1800 un interés que sobrepasó lo literario, y pintores como Francesco Hayez y Eugene Delacroix realizaron cuadros al respecto.

Les Deux Foscari Painting by Eugene Delacroix.
Les Deux Foscari Painting by Eugene Delacroix.

Verdi, instalado en Roma, comenzó a trabajar durante el verano de 1844 en ‘Los dos Foscari’, cuya premiere tuvo lugar en el Teatro Argentino de la Ciudad Eterna el 3 de noviembre de 1844. El estreno fue un gran éxito (doce veces debió salir Verdi a agradecer los aplausos del público) y tal como había escrito el libretista Piave: ‘La música de los Foscari es divina y no dudo de que será, mañana y siempre, muy apreciada’. Sin embargo, la temporada resultó más breve de lo que Verdi esperaba y si bien desde esa fecha hasta el final del siglo XIX, ‘Los dos Foscari’ permaneció en el repertorio de los teatros de ópera italianos de forma regular, con el comienzo del siglo XX pasó al olvido y sólo fue exhumada en la mitad de la pasada centuria.

Así, esta ópera debió esperar hasta 1951, cuando el renacer del interés por la música de Verdi llevó a la orquesta y coro de la RAI, a grabar una versión dirigida por Carlo María Giulini con Gian Giacomo Guelfi, Carlo Bergonzi y María Vitale. Luego vinieron sucesivos montajes escénicos, y sobre todo, surgió el deseo de grandes barítonos, como Piero Capuccilli, Renato Bruson y Leo Nucci, y actualmente, Plácido Domingo, por interpretar al personaje del dogo Francesco Foscari.

No obstante, la belleza y potencia de ‘Los dos Foscari’ no se limita al rol titular de barítono. El rol del tenor, el sufrido Jacopo Foscari, es tan lucido como difícil, con vistosos agudos (aria ‘Dal più remoto esiglio’); y la soprano, la corajuda Lucrezia, esposa de Jacopo y nuera de Francesco, es un personaje vocalmente colmado de exigencias vocales (aria ‘No, mi lasciate, Tu al cui sguardo onnipossente’).

La riqueza orquestal y la intensidad dramática de los coros cautivan y logran momentos impresionantes. Por primera vez, Verdi recurre a los temas instrumentales para distinguir a los personajes, y crea una atmósfera de íntima melancolía que acompaña los claroscuros de esta ópera sobre corazones y afectos rotos, evidente presagio de lo que será ‘Simon Boccanegra’ (1857).

Las causas estrictamente dramatúrgicas y de gusto que provocaron el olvido de ‘Los dos Foscari’ se encontraban ya en germen en los comentarios poco halagadores que el mismo Verdi expresaba sobre esta ópera, cuando escribía que ‘en los argumentos naturalmente tristes. si no se es muy cauto se termina por hacer un entierro, como por ejemplo, los Foscari, que tienen un color demasiado uniforme de principio a fin’ (carta a F. M. Piave del 22 de julio de 1848).

‘Los dos Foscari’ está construida por una ininterrumpida cadena de arias, de gran exigencia vocal, a las que se suman solamente dos duetos, un terceto y un sólo final típico, en el segundo acto. El final del tercer acto, que cierra la ópera, es un homenaje y una vuelta de tuerca a una tradición operistica muy querida en los años 30 del siglo XIX, que proponía que la ópera terminara con una gran escena con coro y aria, tras la cual la primadonna interpretaba una histriónica cabaletta, como en ‘Anna Bolena’ (1830), en ‘Lucrezia Borgia’ (1833) o en ‘Maria Stuarda’ (1835) , las tres de Donizetti. En vez de eso, Verdi ensaya un coup de théâtre e inserta un aria del dogo Foscari (para barítono), quien sufre el dolor de la humillación pública de su destitución y, en el ámbito privado, el de la muerte de su hijo.

La orquestación de ‘Los dos Foscari’ es de un raro refinamiento para los cánones de la ópera italiana de la época (como ejemplo, el contrito preludio del segundo acto es seguido solamente por una viola y un cello). La obra cuenta también con particulares recursos teatrales, como el uso del leitmotiv, especialmente aquél que acompaña a Jacopo Foscari, tenor e hijo de Francesco Foscari, caracterizada por la presencia de un clarinete en si bemol. Verdi utilizará el mismo recurso tres años más tarde, en 1847, en el preludio de la escena del sonambulismo de Lady en Macbeth.

La tinta tenebrosa, escalofriante (copiosa abundancia de tonalidades en menor, que forman los andamios de toda la estructura musical), que caracteriza la partitura completa confiere vigor y golpea todos los acontecimientos. En “Los dos Foscari’ Verdi confía a su música el desafío de expresar los lazos más íntimos entre los personajes (padre/hijo, esposa/marido) mostrando también los contrastes internos de la conciencia del protagonista, Francesco, padre y dogo, quien encarna los conflictos más profundos de la obra, anticipando a las grandes figuras verdianas.

Texto elaborado por René Naranjo a partir de diversas fuentes literarias, traducidas del inglés y el italiano.

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