La vigencia de los textos de Brecht y la música de Weill: el capitalismo corroe el alma

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por José Luis Arredondo

Este 2016, a sesenta años de su muerte, la obra del dramaturgo alemán Bertolt Brecht (1898-1956), despliega su quemante fuerza y actualidad. La suya fue la voz más política e ideológica que levantó el teatro el siglo XX. Una voz que se alzó desde la escena para denunciar la profunda injusticia, inequidad, abuso y desigualdad que genera el sistema capitalista.

En un puñado de obras, Brecht plasmó todas las aristas que hacen de este sistema una verdadera fábrica de pobreza y que centra al dinero como el bien supremo al que debe aspirar el ser humano para poder llevar una existencia digna.

En su producción, sobresale -por su vigencia social y valores estéticos- la colaboración que llevó a cabo con el músico, también alemán, Kurt Weill (1900-1950). De allí surgen, entre 1927 y 1930, estas piezas fundamentales de la escena  musical del siglo pasado que son “La ópera de tres centavos”, “Auge y caida de la ciudad de Mahagonny” y “Happy End”.

Y precisamente, estas obras mayores del teatro musical son las que sirven de base al espectáculo basado en canciones, baladas y números de conjunto que la Opera de Cámara del Teatro Colón de Buenos Aires ha estrenado esta semana en nuestro país dentro del marco del Festival de Teatro a Mil.

Bajo la dirección escénica del trasandino Marcelo Lombardero, el ‘Cabaret Brecht Weill’ resulta un espectáculo de brutal contingencia en nuestro presente como sociedad. En escena, un conjunto de seis cantantes-actores  (cuatro hombres y dos mujeres), dan vida a fragmentos de ‘Mahagonny’, ‘Opera de Tres Centavos’ y ‘Happy End’ (en ese orden) en una destacada performance tanto en sus aspectos actorales como musicales.

Un escenario mayormente negro es el marco perfecto para que la luz juegue entre claroscuros y penumbras para crear un ambiente de garito lúgubre y, en varios pasajes, violento; es la alusión directa a una realidad social contemporánea en la que el capital se ha adueñado de nuestra existencia en todos sus niveles y es casi una nueva religión -ahí está el ‘Hossanah’, de ‘Happy End’, donde se canta con ironía ‘Salvemos a los ricos’ y ‘Hossanah Rockefeller/Hossanah Henry Ford’.

En este sentido, Lombardero comenta que ‘a 26 años de la caída del muro de Berlín, las cosas están peor, hay más desigualdad y la utopía se murió. Antes era posible imaginar que en alguno de los dos lados hubiera un mundo distinto, un mundo mejor. Hoy eso no existe, la utopía no se ve, y el sistema genera cada día más insolidaridad, más individualismo’. Esta visión queda totalmente de manifiesto en la selección de canciones y cuadros elegidos por Lombardero, las que el conjunto artístico entrega con una calidad que llena cada uno de los 50 minutos que dura la función.

Tras la escena, un conjunto de 12 músicos, bajo la conducción del chileno Pedro Pablo Prudencio, se luce en una entrega llena de colores, matices y la atmósfera propia de “banda musical” que Weill imprime a sus partituras. Ese sonido típico de cabaret alemán de entreguerras inunda la sala de CorpArtes (en la comuna de Las Condes) y es la base sobre la que se levanta este este espectáculo.

‘Cabaret Brecht-Weill’ remece por la actualidad de su discurso, y se hace más necesario que nunca cuando sufrimos en carne propia los rigores que, con genialidad, denuncian los dos artistas, en la forma de empresarios inescrupulosos que se coluden para aumentar sus ganancias a costa de la mayoría, lo mismo que la clase política que aprovecha los resquicios de este sistema perverso para hacerce de dinero facil.

Hoy, que los abusos se han hecho cotidianos, la voz lúcida, clara y potente de Brecht y la provocadora música de Weill se alzan como, ya no una denuncia premonitoria, sino como una infernal realidad en la que estamos sumergidos hasta mucho más arriba del cuello. A sesenta años de su muerte, la obra Brechtiana y su visión del capitalismo (‘robar un banco no es un crimen comparado con ser dueño de uno’, cantan en ‘Happy End’), está más viva que nunca, para nuestra desgracia como sociedad e individuos.

Este ‘Cabaret Brecht-Weill’ se presentará en Buenos Aires a partir del próximo 14 de febrero, como uno de los espectáculos que integran el Festival de Verano del Teatro Colón.

 

 

 

 

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