Desde Argentina llegó ‘La Wagner’: Violencia, sexo y ópera al desnudo

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Por José Luis Arrredondo A.

La irrupción del compositor alemán Richard Wagner (1813 – 1883) supuso una revolución musical cuyos ecos aún persisten. Su música apunta, más que a describir un estado, a representar una concepción de lo humano como sólo, hasta ese entonces, lo había hecho la filosofía. La de Wagner es música de una grandiosidad cósmica, un sonido que parece querer abarcar y describir el todo, el absoluto; una cosmogonía sonora de alcances, literalmente, físicos y metafísicos.

Y es Wagner -y parte de su obra esencial- la que sirve, con toda su riqueza estética y conceptual, como base y sustento al coreógrafo argentino Pablo Rotemberg para su más reciente trabajo (exhibido en nuestro país dentro del marco del Festival de Teatro a Mil) y que ha titulado, significativamente, ‘La Wagner’.

Al igual que en las anteriores obras suyas que hemos visto en Chile (‘La idea fija’, ‘La noche obstinada’), Rotemberg explora aquí los límites del cuerpo humano como herramienta de expresión sometida a la violencia física instalada desde lo sexual. Es el sexo como arma de destrucción, la violencia como la constante, y la agresividad como el leit motiv (motivo conductor y predeterminado) de la vida, en este caso femenina.

Cuatro bailarinas (como si fueran cuatro Valquirias que se montan en la música de Wagner), entran lenta y parsimoniosamente desde la sala y suben al escenario, completamente desnudas, para dar rienda suelta a una febril coreografía. Durante una hora, estas bailarinas nos hacen viajar en alas de fragmentos de las óperas ‘Parsifal’, ‘Tristán e Isolda’, ‘La Walkiria’, ‘Sigfrido’ y ‘Lohengrin’, por una obra que habla del cuerpo femenino violentado desde la agresión, y autoagresión, con un fuerte acento en lo sexual.

Más que danza propiamente tal, Rotemberg se vale en ‘La Wagner’ de una gimnasia escénica de dramático frenesí y exigencia para el grupo de ejecutantes, que presentan lo femenino y lo erótico, subyugado en unos cuerpos que luchan por romper el paradigma para recobrar un equilibrio perdido a causa de la violencia ejercida contra ellos.

Esta es la lucha que tan claramente se libra en el marco de los fragmentos de las óperas citadas. Sonidos y movimientos que van desde la desesperación a la que alude el preludio de ‘La Walquiria’ hasta la profunda y crepuscular tristeza y melancolía que evoca el preludio del tercer acto de ‘Tristán e Isolda’, para desembocar en la grandiosa espiritualidad del final de ‘Parsifal’.

Destacable resulta el hecho de que el director y coreógrafo rehúya el recurso de “graficar” en movimientos la música de Wagner, sino más bien que se sirva de ella como una vía de expresión estética para develar un estado del cuerpo y el alma humanas sometidas a estados y situaciones límites (luchas, golpes, caídas, ultrajes, violaciones).

“La Wagner” trata de agonía y sublimación -tan presentes en la obra wagneriana- con descarnado realismo y energía escénica. Rotemberg entrega una vez más una pieza de gran valor artístico en su concepción y ejecución.

Esperemos que esta tercera visita consolide su trabajo en nuestro país, que ha tenido mucho eco en el público, y lo haga volver muchas veces más para poder disfrutar de su singular visión artística.

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