‘El Santiago que se fue’: gozosa mirada a lugares y personajes que marcaron la vida social capitalina

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por José Luis Arredondo

Con profusión de detalles sobre su clientela y las principales anécdotas, Oreste Plath (1907 -1996) nos conduce en el libro ‘El Santiago que se fue’ por míticos y ya desaparecidos lugares de la capital de Chile del siglo XX, como El Bosco, el Club Alemán, el Hotel Victoria, La Novia, el club Goyesca, la Quinta Rosedal, la Posada Tarapacá, El Pollo Dorado, el Tap Room, La Bahía, el Hotel Crillón, El Lucerna, el Waldorf, el Café Iris, El Zeppelin, El Jote y muchos más.

El texto de Plath engarza estos lugares a personas que dieron vida al Santiago bohemio, y entre ellos evoca a los dos Pablos poetas (Neruda y De Rokha), el actor Andrés Silva Humeres, el periodista Tito Mundt, el crítico Alone, el compositor Acario Cotapos, los escritores Hernán del Solar, Augusto D’Halmar y Luis Oyarzún, el etnógrafo Ricardo Latcham, el chico Molina, Juan Godoy, el novelista Jenaro Prieto, los poetas Homero Arce, Rosamel del Valle y Angel Cruchaga Santa María y tantos más, que configuraron una fauna irrepetible que animó la vida intelectual y en esta ciudad; una tradición humana y social que, con la irrupción de la dictadura, perdió toda actividad de ésta indole y no la volvió a recuperar.

Plath tiene esa cualidad de entrar en la historia y la anécdota para hacernos experimentar muy claramente la narración. El libro no es sólo una sumatoria de hechos sino que posee la capacidad de interesar y emocionar con estas vivencias más allá de nonbres, lugares y fechas.

‘El Santiago que se fue’ es un libro que se siente vivo. Tanto que al leerlo podemos palpar esa bohemia y esas noches que configuraban un mapa de la actividad artística e intelectual. Me viene a la memoria lo dicho por Raúl Ruiz en ese fin de la década de los ’60, cuando estrenaba ‘Tres tristes tigres’, su primer largometraje: “En mis tiempos había más gente inteligente en los bares que en las universidades”.

Este libro es una zambullida gozosa en el pasado, y lejos de ser un compendio histórico ,es una narración vívida del día a día y noche a noche de un conjunto de lugares y personajes llenos de jugosas anécdotas.

El libro es un excelente lectura para saber un poco más de nosotros mismos como sociedad y tácita invitación a valorar un modo de vida que ojalá pudiera recuperarse en alguna medida, no como un ejercicio de nostalgia sino como una voluntad de recuperar o configurar lugares y grupos de personas con afán de pensar y hacer un mundo más humano y amable, ése de la conversación y el debate de ideas en torno a una mesa bien servida que convoca amistad y compañerismo.

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