Por María Celeste Jiménez

En solo dos funciones, los días 30 de noviembre y 2 de diciembre de 2017, en el Teatro Regional del Maule, en Talca, presenciamos uno de los montajes de ópera más recordados de este año.

Lograr que una puesta en escena sea algo único, irrepetible e inolvidable es, sin duda, uno de los mayores desafíos de un elenco de ópera.

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Sabemos que algunas personas no se acercan a la ópera bajo el argumento de que generalmente se exhiben creaciones antiguas y montajes poco atractivos. Sin embargo, en estos últimos años, siguiendo la tendencia internacional, los teatros de regiones de Chile se han atrevido a innovar, tanto en la elección de las obras, como en la puesta en escena.

De esta forma hace unas semanas vimos una masiva ópera ‘Carmen’ en la Medialuna de Rancagua, y luego asistimos a esta producción talquina de la ópera ‘El Trovador’, de Verdi, cargada de energía y que ofreció una lección del uso de las nueva tecnología al servicio de las artes escénicas.

Confluir es la premisa.

Desde el lugar del público, vimos un elenco principalmente nacional de primer nivel, artistas de quienes podemos decir, con propiedad, que nos consta su trabajo y celebramos que el TRM los haya convocado.

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En la selección de los cantantes, además de la calidad vocal, se conjuga el prolijo estudio de cada rol. Así podemos señalar que la soprano chilena Paulina González en escena “es Leonora”, y no pudo ser mejor la elección para encarnar este personaje, atrapada entre el amor a Manrico y la presión obsesiva del Conde de Luna.

Ambientada en España, a fines del medievo, entre castillos, conventos y prisiones, en ‘El Trovador’ se entrelazan las historias apasionadas y costumbres de nobles y gitanos.

En el rol del Conde de Luna estuvo el barítono argentino Omar Carrión, quien lució total dominio de su personaje y dio lecciones de estilo con su experiencia, ya probada en el Teatro Colón de Buenos Aires y otros escenarios sudamericanos.

En su debut en Verdi, nos impresionó nuevamente la mezzo soprano chilena Evelyn Ramírez, a quien vimos hace un par de semanas antes interpretando a Carmen en Rancagua. Es tal su dominio del material vocal para abordar diferentes estilos y transitar de un personaje a otro en pocos días, que se merece toda la admiración. Evelyn Ramírez deja claro que el mito de encasillarse en un rol y dar la vuelta al mundo reiterándolo, no es su opción.

Es una cantante plena, estudiosa y profunda en la ejecución de cada rol. Francamente fue impresionante verla como Azucena, absolutamente imbuida en el personaje, en pleno dominio vocal y teatral, interpretando el sufrimiento y transportándonos, por ejemplo, al momento en que su hijo es quemado en una hoguera, en uno de los tantos momentos trágicos que marcan el sentido de esta opera.

Manrico, el Trovador, no da tregua a su genuino amor por Leonora, y con una interpretación intensa y llena de pasión, el tenor chileno Giancarlo Monsalve mantuvo al público atento a su historia de principio a fin.

El Coro del Teatro Regional del Maule, integrado por cantantes de la región y algunas voces de Santiago, dio una lección de integración y estudio, y esperamos verlos en próximos montajes de ópera. El Coro de los Gitanos, memorable y esperado en esta obra, brilló tanto en la ejecución como en la actuación.

El maestro Francisco Rettig hizo de la dirección de la ópera un agrado, con plena integración del estilo y el elenco. Su experiencia imprime un sello de profesionalismo que guía por senda segura a los jóvenes talentos de la Orquesta Clásica del Maule, que entregaron una muy buena ejecución de la partitura.

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La dirección escénica estuvo en perfecta coordinación con el diseño y marcaron la diferencia en el montaje de esta ópera a nivel nacional.

Rodrigo Navarrete continúa marcando firme presencia, y junto al diseñador talquino Claudio Rojas, llenaron la escena con un trabajo audiovisual al que se integraron muy bien los solistas y el coro. El escenario constaba de distintos paneles Led que se desplezaban y desde los que se proyectaban imágenes en movimiento de total concordancia con cada uno de los momentos de la ópera.

La elección fue muy acertada, una innovación bien ejecutada y admirable que marca un quiebre muy positivo en las tradicionales escenas de óperas recargadas de objetos sobre el escenario, y que sigue la tendencia minimalista de los grandes teatros del mundo.

Este trabajo visual de Claudio Rojas hace pensar en multiplicar su talento en grandes eventos por todo el país.

Gracias a este ‘Trovador’, y con los antecedentes de las producciones de ‘La Traviata’ y ‘Otelo’, Verdi se reinventa en Talca con tres montajes de óperas consecutivos en los últimos años, cada uno de gran calidad, merecedores de la mejor impresión de la crítica especializada.

El Teatro Regional del Maule se alza como un foco de ejecución de las artes de la mano de las escuelas de música de la región, utilizando sabiamente los recursos locales y escogiendo lo mejor de la escena nacional.

Sin duda dos funciones son muy poco para una ópera de gran nivel. Este ‘Trovador’, tal como lo presenciamos en Talca, merece replicarse en otros escenarios del país, que hagan justicia a tan noble trabajo musical y visual.

Fotografías: Gentileza de Teatro Regional del Maule

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