‘Cascanueces’, ‘El lago de los cisnes’, ‘Carmina Burana’: favoritos imbatibles que ayudan a crear nuevas audiencias

 

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Por María Celeste Jiménez

Durante diciembre de 2017, pude presenciar el ballet ‘Cascanueces’, con una brillante interpretación del Ballet de Santiago, elenco estable del Municipal de Santiago, que una vez más transportó a los espectadores a lo más clásico del ballet y la fantasía de la Navidad.

Mientras disfrutaba del espectáculo, pensaba en cada niño que asistía al teatro por primera vez como público, y cómo los que participaron bailando o cantando en el montaje, quedarían marcados por el resto de sus vidas con la experiencia de la perfecta coordinación entre la orquesta y el ballet. Fueron más de 10 funciones de ‘Cascanueces’, a tablero vuelto, con una audiencia muy atenta que se programa con meses de anticipación para ver este sueño de Navidad.

En los primeros días de 2018, le siguió en el Municipal otro clásico del ballet, ‘El lago de los cisnes’. Esta también es una obra que posee una audiencia segura, una creación musical conmovedora en cualquier lugar, que ya es parte de imaginario colectivo del arte universal. Este montaje, que contó de nuevo con una magnifica ejecución por el Ballet de Santiago, es, sin duda una apuesta favorita del público, repetida y repetible, y jamás olvidada por el público, sea más o menos erudita sobre la técnica del ballet.

Esta misma primera semana de 2018 pude ver también -una vez más- el oratorio ‘Carmina Burana’, en esta ocasión en el Teatro de la Universidad de Chile, con una notable ejecución de la Orquesta Sinfónica Nacional y solistas y Coro Sinfónico mayoritariamente chilenos y formados en dicha casa de estudios. Escoger esta popular obra es también la evidencia de una apuesta segura, un comodín lleno de energía,  que abre las puertas al público masivo a un precio razonable.

¿Que tienen en común estos tres montajes? En mi opinión, lo que los une es que gustan y reconfortan a una masa importante y variada de espectadores. Son obras conocidas y queridas, que convocan, acercan, motivan y abren los teatros a nuevas audiencias.

Los que asistimos periódicamente a los teatros nacionales conocemos al público fiel, y podríamos identificar rostros y estilos de vida de quienes van a la ópera y al ballet. Sin embargo, en estas tres obras vemos una apertura de la comunidad en forma transversal, gente que está dispuesta a acercarse a comprar una entrada o retirar una invitación, a comprometer sus tiempos para el espectáculo, a asistir en grupo o en familia. Jóvenes y niños que contemplaban con admiración los salones del Municipal, gustaban de la belleza de su arquitectura, viviendo cada segundo de estas obras con la alegría maravillada con que se realiza un descubrimiento especial.

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¿Se negaría usted el acceso a la cultura? Es la segunda pregunta.

Estas tres obras tienen en común que su música se ha masificado a través del tiempo y los años, y quien va, descubre como se ejecuta con muchísimo trabajo por la orquesta, coro y ballet. Eso ya es una motivación. Estos montajes ayudan a derribar las murallas de los teatros, indefectiblemente, y quisiera que más personas pudieran verlos.

Al finalizar cada uno de estos espectáculos, las puertas de salida se abren colmadas de satisfacción.  ‘¿Como te lo explico? … es que tienes que venir. El próximo año!!’. Los deseos se multiplican a un ritmo inferior a la oferta, y menor al acceso a los espectáculos, que amenaza con restar funciones y recursos.

Salir de un teatro luego de disfrutar uno de estos montajes es una experiencia que se comenta, se publica en redes sociales y se difunde con la esperanza de sembrar sana curiosidad.

La música provoca un estado de bienestar que se prolonga por semanas en el ser humano, se siente un buen gusto y ansias de más. Hace bien la música, el aprendizaje, admirar la disciplina de los bailarines y cantantes, soñar con practicar y acercarnos a su arte, hace bien desear al arte.

¿Está en las políticas públicas y privadas cumplir tan honestos deseos de los ciudadanos?

En Chile, los recursos para actividades artísticas aún son generalmente residuales; no olvidemos que quienes abren un giro por arte se denominan “ ocio”, y en las partidas presupuestarias de empresas públicas y privadas muchas veces esta categoría no existe.

Entonces la propuesta es abrir los teatros, y multiplicar estos espectáculos en espacios públicos, para que muchos puedan vivir la experiencia que genera la expresión artística y cultural.

Es urgente ampliar las audiencias, crear buenos deseos, premiarnos por desear el arte.

Este 2018 vamos por más! Toda la Cultura, para todos y todas.

 

 

 

 

 

 

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