Por José Luis Arredondo. //

El golpe militar y la posterior dictadura cívico militar, propiciaron el nacimiento de una figura emergida de lo más siniestro del aparato represivo, el torturador profesional, un sujeto destinado a hacer el “trabajo” más brutal de la política de exterminio contra los opositores, diseñada por los militares y la derecha chilena post golpe.

Individuos encargados de extraer información de los detenidos mediante la aplicación de tormentos físicos y sicológicos hasta, en muchos casos, causarles la muerte. Asesinos a sueldo empleados por el Estado.

Mario (Luis Dubó), fue uno de ellos, y Jimena (Valentina Acuña), una de sus víctimas fatales. El horror los puso frente a frente en el pasado y la historia no los separa aún.

“Lobo” es la lucha, que se libra en la atormentada conciencia de Mario, entre víctima y victimario y que en el Chile de la impunidad aún no se resuelve. Es una lucha a muerte desatada en el cuarto miserable en el que vive el ex torturador, un escenario en el que noche a noche lo acosan los fantasmas de la culpa y los terrores anclados en su siniestro pasado.

Jimena se le aparece y lo acosa con su presencia y su historia, de pronto su presencia es real como la luz del dia, de pronto fantasmal como las sombras que se dibujan en las noches en vela de Mario, a veces su perfil es el de una joven conviviente y a veces cobra sentido como la metáfora de todo lo que está pendiente en materia de castigo a los culpables de tanto crimen político sin resolver.

Jimena también puede ser el cuerpo de nuestro pais, torturado y abusado por muchos de quienes, bajo las órdenes del sector que hoy nuevamente nos gobierna, aún permanecen sin castigo por parte de la justicia, solo acosados por lo que les queda de conciencia frente a su deleznable tarea.

El trabajo de ambos intérpretes es impecable en su desempeño actoral.

Dubó perfila un ser atormentado y acabado, miserable en su aspecto físico y espiritual, que aún se rebela contra el sentido de culpa y lucha por no sucumbir al pasado que se le hace quemante presente noche a noche. Al mismo tiempo el actor maneja el lado más frágil del carácter, humanizando al personaje para alejarlo de la maqueta del asesino cruel y despiadado. Esto es más perturbador aún ya que acerca al torturador a la imagen de quien puede ser nuestro vecino o ese señor que viaja a nuestro lado en el metro o en el bus.

Por su parte Valentina Acuña imprime fuerza, valor y convicción a su Jimena, sin dejar de lado evidenciar la fragilidad de un personaje que tuvo una muerte violenta e injusta. Hay notable manejo de lo ambivalente de un carácter que transita entre lo concreto y lo simbólico y metafórico, y logra, junto a Dubó, crear la atmósfera crispada, surreal y de pesadilla que puebla la obra.

Excelente uso del espacio escénico, en el que la covacha que habita Mario, de pronto, y mediante el movimiento de un par de elementos, se convierte en celda o nos traslada a un lugar metafísico.

Un trabajo teatral contingente, necesario y muy bien realizado. Sin duda, por la sumatoria de sus elementos, una obra que estará entre lo mejor de la presente temporada.

“Lobo”. Dramaturgia de Patricio Yované. Dirección de Andrea García – Huidobro y P. Yované. Elenco: Luis Dubó y Valentina Acuña. Diseño integral de Mary Ann Smith. Música de Alejandro Miranda y Felipe Lehmann.

Taller Siglo XX Yolanda Hurtado. Ernesto Pinto Lagarrigue 191, Barrio Bellavista. Hasta el 29 de abril. Viernes y sábado a las 21 horas y domingos a las 19:30 hrs. Entradas a $ 6.000 y $ 4.000

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