Por José Luis Arredondo. //

En el principio fue el final, porque la vida es lineal, pero para entenderla a veces hay que rebobinar, saltar en el tiempo, por eso “Traición”, obra del Nobel de literatura Harold Pinter estrenada en 1978, nos muestra primero los restos mortales de una relación para llevarnos de a poco hacia su nacimiento. A más de alguien le puede recordar la película “Irreversible”, de Gaspar Noé, en su estructura, por citar un ejemplo.

Esta forma de narrar tiene una enorme carga de ironía, ya que desde nuestra posición de espectador sabemos de antemano que tanto las buenas y malas intenciones, las mentiras y las promesas, serán finalmente letra muerta. En ese sentido es una obra amarga, y más que una historia de infidelidad es un repaso a la trama de mentiras, silencios cómplices, simulaciones, engaños y falsedades que muchas veces pueblan las relaciones humanas.

La galerista Emma conoció el año 1968 al agente literario Jerry, y se hicieron amantes, Emma está casada con Robert, el mejor amigo de Jerry. Hoy estamos en 1977 y Emma y Jerry se han citado en un Bar. Al calor, o mejor dicho al frio de unos tragos, repasan su historia, que ya no es, en breves flash backs que nos remontan, como leyendo un libro de atrás hacia adelante, a la relación que mantuvieron durante nueve agitados años.

“Traición” es una obra sobre el desamor, también sobre las simulaciones que pueblan la vida de muchas parejas. Este triángulo amoroso entre intelectuales burgueses, en las manos de Pinter es la perfecta excusa para develar rasgos muy internalizados en nuestro comportamiento social. Es una pieza en la que lo más importante y substancial toma la forma de subtexto, de lo que no se dice, o se dice a medias, o se calla. Los diálogos son corteses, flemáticos como buenos ingleses, fríamente inteligentes y la mayoría de las veces contenidos, hasta en los momentos de pasión.

La puesta en escena dirigida por Willy Semler sirve el texto en su forma más literal, es una versión que acusa un neto sentido de teatro de cámara, una obra levantada sobre lo textual y el realismo sicológico, un teatro cimentado en el poder de la palabra como herramienta y arma de ataque y también de defensa.

En este aspecto la versión descansa primeramente en lo actoral y después en la puesta en escena en sus aspectos más formales. En lo primero destaco las actuaciones de Kiki Rojo (Emma) y Jaime Mc Manus (Jerry), en ambos fluye el conflicto y tienen un buen manejo del ritmo y la credibilidad en cada escena, matizan bien y hay claridad en la carga de subtexto que tiene cada diálogo. Al debe queda Alberto Ellena (Robert), denota poco manejo escénico y un escaso sentido del volumen, hay una intención clara de resultar natural, pero en este esfuerzo resultan inaudibles muchos textos, por otro lado su actuación resulta plana, sin relieves y con poca diferenciación en los estados de ánimo dependiendo de la situación.

A mi parecer atentan gravemente contra el ritmo los innumerables cambios de escena. En una obra que necesita una sostenida continuidad para que no se rompan las atmósferas y la tensión, los reiterados apagones para cambios de utilería hacen decaer el ritmo.

Una buena oportunidad para acercarse a la obra de un autor referencial del teatro inglés contemporáneo, que pudo haber tenido una puesta en escena más afortunada.

Dónde: En el Teatro La Comedia (Ictus). Jueves, viernes y sábado a las 20:30 hrs. Merced 349. Santiago Centro. Barrio Lastarria.

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