37049994_1310290845772621_5421448101464375296_n

El Teatro Colón de Buenos Aires transmitió hoy, sábado 14 de julio, una versión de lujo de la ópera “Tristán e Isolda”, de Richard Wagner.

Desde la primera nota, cautivó la delicadeza con que el maestro Daniel Barenboim, al frente de la orquesta, atacó el preludio de la ópera, para llegar al crescendo, que es un verdadero Big Bang que resume la arrebatada pasión de los amantes. Difícil concebir una dirección más pulcramente expresiva, delicada y contenidamente dramática para ‘Tristán e Isolda’ que la de Barenboim.
Sy-LsmBmQ_1200x0__1
Avanza el primer acto y antes de que beban el filtro mágico hay distancia entre Tristán e Isolda, una frialdad que pronto se volverá fuego abrazador que los consumirá y a la vez los unirá más allá de la muerte.
Anya Kampe canta Isolda con peso dramático en cada frase, desgarro interno y lacerante angustia que mastica en cada palabra, en una clase de cómo cantar el rol. Es la unidad perfecta de la frase hablada wagneriana que es a la vez música.
En el rol de Brangania, Angela Denoke se le equipara en calidad musical y teatral. Es un ensamble vocal perfecto que hermana a los dos personajes.
Y cuando los dos protagonistas están a punto de beber el filtro del amor, las cuerdas de la orquesta derraman un sonido denso, consistente, con una espesura sombría que se va abrillantando a medida que avanza la escena hacia ese extático momento.
Tristán e Isolda han bebido el filtro y desde la orquesta llega el brumoso sonido de la calma que precede a la tormenta, aquí retornan los primeros acordes del preludio entre unas cuerdas tenues pero consistentes que elevan el éxtasis.
Sobreviene entonces el apoteósico final del primer acto.Ya en tierras del Rey Marke, Tristán e Isolda han bebido la poción amorosa y no hay quien los separe, pronto estallará la ira del Rey ante la prometida que le ha sido arrebatada por el filtro. Termina el acto. Ovación del público del Colón!
El segundo acto de “Tristán e Isolda” contiene uno de los más bellos, extensos y arrebatados dúos de amor en la historia de la ópera.
En la noche, la música dibuja las olas que estallan y que pronto envolverá a los dos enamorados. Pocas veces la música fue más voluptuosa para retratar el amor y el desenfrenado deseo.
Se inicia el delirante dúo de amor y estalla el encuentro! Es pura pasión, deseo, delirio amoroso, que la música impulsa con arrebato y una fuerza que estremece.
El tenor Peter Seiffert entrega un Tristán en pleno; con los años, su timbre ha ganado densidad sin perder brillo y tiene total dominio del carácter heroico del personaje, a quien dibuja como un amante dulce y vital. “Noche de amor desciende sobre nosotros, vierte el olvido en nuestras vidas, recíbenos en tu seno…” cantan los amantes.
La dirección escénica de Harry Küpfer es una clase de teatro. Ningún movimiento de más, ningún desplazamiento sin sentido, ningún ir y venir para expresar lo que ya la música transmite de sobra.
37058830_1310290792439293_4187128277879488512_n.jpg
Ocultos bajo el ala del ángel caído y mecidos por el canto de Brangania, que advierte el peligro, los dos amantes se hacen un solo cuerpo, la noche devela lo sublime, lo verdadero.
Tristán canta los acordes que Isolda replicará al final en el “Mild und Leise”.
La noche ya huye y da paso al día, los enamorados han de enfrentar el destino frente al Rey despechado. La música se eleva hacia el estallido en que irrumpe la realidad.
Es el ansia de disolverse en la nada como un todo, ya no más Tristán e Isolda, sino una sola entidad, y la orquesta que evoca en olas arrebatadas ese crescendo que parece no tener límites!
El bajo surcoreano Kwangchul Young presta su timbre oscuro, robusto, noble, con un fondo de dolor y honor herido, a su magnífico Rey Marke, un monarca golpeado en su orgulo que se mantiene digno. Excelente!
El final del segundo acto es exultante y a la vez doloroso. El público ovaciona entusiasta la versión dirigida por Daniel Barenboim y Harry Küpfer. Tremenda versión!
Y yo me pregunto: Por qué no podemos tener en Chile un espectáculo de esta calidad? Estamos peor que Argentina económicamente? O no hay interés? Faltan recursos, conocimiento, ganas o gestión?
Lo que me estremece de esta versión es la pureza, la claridad, la expresividad y el sentimiento con el que brota la música desde la orquesta situada en el foso del Teatro Colón. Es una entrega cristalina, limpia, llena del sentido que tiene la partitura. Es una auténtica clase de cómo interpretar a Wagner.

DiB7-8yWAAA97b2.jpg-large

Estamos en el tercer acto y final. El Kurwenal que canta el barítono israelí Boaz Daniel con timbre robusto, expresivo y dramático, y una gran vitalidad, para elevar al ahora alicaído Tristán.
Hay que tener una técnica más allá del bien y del mal para cantar Tristán, y Peter Seiffert está demostrando todo lo que sabe por viejo, por diablo y por buen cantante. Así logra sacar adelante su rol en este exigente acto.
Llega el último encuentro de los amantes en cuerpo presente. Tristán está herido de muerte en el cuerpo e Isolda en el alma; pronto junto al mar sus almas se elevarán como vapores, disueltos en el “todo universal”.
Isolda ataca su ‘Mild und Leise’. Anya Kampe lo hace brotar como una fuente. Delicado, tenue, el canto fluye cristalino y se eleva hacia el éxtasis. Todo ya es metafísico, hemos dejado el mundo terrenal y vamos camino a disolvernos en el cosmos. La música son olas que ascienden hasta estallar en ese Big Bang sonoro de una amplitud que no logramos abarcar.
“Supremo deleite” canta Isolda y se une en alma a su Tristán.
Supremo deleite esta versión inolvidable y monumental!
José Luis Arredondo.

Deja un comentario