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Por José Luis Arredondo.

Los 150 años de la muerte del compositor Gioachino Rossini (1792 – 1868) no podían haberse conmemorado mejor, ya que al poner en escena su “Stabat Mater”, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, junto al Coro Sinfónico y cuatro destacados solistas, nos permitieron aquilatar y admirar dentro de una misma obra toda la riqueza e inspiración del músico nacido en Pésaro. Para la mayoría de nosotros Rossini es sinónimo de ópera, y el “Stabat Mater” nos permitió acceder a su otra faceta compositiva, que sin embargo de todas formas deja filtrar la sangre operática que corría por las venas del músico.

Este “Stabat Mater” Rossiniano permitió aquilatar varias cosas, primero la enorme calidad de la dirección orquestal del maestro Aldo Sisillo, quien desde la primera nota fue un capitán con el timón bien aferrado que condujo a la Sinfónica por toda la riqueza sonora de la pieza, que nos remite al Rossini del Bel Canto y sus aristas en perfecto equilibrio con el evidente espíritu religioso de la obra. La conducción fue un ejemplo de “sintonía fina” con el aspecto más espiritual de la pieza, ejecutado aquí con delicadeza, elegancia y nobleza, a la par de las sonoridades que la acercan al Rossini más belcantísta con una que otra inequívoca nota dramática.

Una labor que se vio apoyada en la experiencia y solidez del Coro Sinfónico, de rica, variada y expresiva sonoridad, y la participación de los cuatro solistas que brillaron con luz propia dentro del magnífico nivel de la velada musical.

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Muy auspicioso debut solista de la soprano Francisca Cristópulos, a mi juicio una de las voces chilenas de mayor proyección en la actualidad. Cristópulos posee un sólido material de soprano dramática, sin embargo aquí penetró de muy buena forma en el estilo Rossiniano, permitiendose lucir coloratura y adecuando su emisión a los requerimientos de corte balcantísta, lo que me habla de una intérprete dúctil y en buena posesión de sus recursos técnicos. Musicalidad, un fraseo claro y agudos firmes y brillantes, sostenidos con mucha seguridad (excelente entrega del “Inflammatus”), fueron el sello de su presentación.

Fue mi primera vez con la intérprete María Luisa Merino, y me cautivó su timbre de mezzosoprano químicamente pura, con un centro muy firme y expresivo y un notorio conocimiento de la pieza que se hizo notar en la pasmosa seguridad con que acometió toda su parte.

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Igual cosa el tenor Luis Olivares, acoplado de forma perfecta a la conducción de Sisillo y dejando en evidencia una buena batería de recursos técnicos que nos hizo deleitar con un timbre limpio, sólido, de noble sonoridad y una emisión segura, firme y expresiva.

No fue sorpresa la calidad interpretativa del bajo – barítono Sergio Gallardo, ya que conoce a Rossini al derecho y al revés y lo demuestra, aún en circunstancias muy distantes, como esta, de los roles buffos con los que nos ha deleitado en otras ocasiones. Gallardo se lució en su faceta de bajo y de barítono indistintamente, alarde técnico y expresivo que enriqueció la entrega poniendo la nota más dramática y lacerante de la velada.

Un “Stabat Mater” que dejó entrever toda la riqueza musical de Rossini en una faceta que se mantiene más bien ausente de las temporadas musicales en nuestro país, y que nos sirvió para descubrir – o redescubrir – a un compositor que expandió sus propias fronteras de manera genial ya en la madurez total de su carrera.

Fotos: Patricio Melo.

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4 thoughts on “Un Rossini con alma religiosa y cuerpo operático brilló en el Teatro U. de Chile”

  1. Me parece preocupante la liviandad con la que se esparce ignorancia en esta crítica. Cristopulos no es soprano dramática, no tiene ni el volumen ni el color para serlo. Se empeña en manipular su timbre disfrazando vocales y engolando todo lo necesario para sonar mas oscura pero en el proceso la voz se le queda atrás y el tutti de la orquesta la tapa sin piedad. Si fuese una artista seria, se dedicaría a estudiar la manera de sacarle el máximo provecho a una voz que de seguro tiene grandes posibilidades para desarrollarse en un repertorio mas adecuado a su naturaleza (me atrevo a decir que puede ser el de lirico-coloratura). Merino por su parte ostenta una voz de gran calidad en el centro pero que se apaga en los extremos del registro. Los agudos surgen bajos de afinación y el grave apagado. Los varones en cambio están al tope de sus posibilidades: Olivares muy seguro en una vocalidad muy difícil y Gallardo sonoro y musical.

  2. 👏👏👏Gracias por el análisis! Claro y crítico! JHG

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    El 17-08-2018, a la(s) 20:48, Toda la Cultura escribió:

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