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Por José Luis Arredondo.

Hay tres palabras que resumen el concierto que brindó la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil en el Municipal de Santiago el pasado viernes 24: Vitalidad, energía y fuerza.

La velada partió con la obertura Egmont de Ludwig van Beethoven (1770 – 1827), pieza inspirada en la heroica figura del Conde de Egmont inmortalizado en la obra teatral de J. W. Goethe (1749 – 1832), para cuya representación el compositor nacido en Bonn puso música. Es una pieza breve, la primera de nueve partes, de marcada inspiración Romántica y que resume la lucha del héroe contra fuerzas opresoras. Un canto a la libertad, al coraje, a la valentía y a la lucha, que Beethoven traduce en una música de exultante energía y mucha vitalidad.

Energía que la Sinfónica Juvenil al mando del maestro Paolo Bortolameolli supo calibrar y reflejar con fuerza y claridad. Lucimiento para las maderas y los bronces que cargaron la sala de una atmósfera de potencia para una noche en la que el «Sturm und Drang» (tormenta e impulso) Romántico fue el sello.

Beethoven dio paso a otro coloso de marca mayor como lo es Gustav Mahler (1860 – 1911) y su Sinfonía 1 (El Titán), obra que es una verdadera semilla en la producción Mahleriana, ya que parece contener en si todos los elementos que el músico fue desarrollando después a lo largo de su carrera. La presencia permanente de ritmos que evocan melodías populares que el escuchó en su natal Bohemia, esos vientos de resonancias marciales, como los toques de diana que lo despertaban de niño ya que a los pies de su casa paterna había un regimiento, la convivencia natural de melodías alegres y festivas que encuentran casi siempre su resolución en otras de corte dramático e incluso fúnebre. Obra de largo aliento, como todo Mahler Sinfónico, que se hermana con la Obertura Egmont en su tono heroico y exultante.

Aquí Bortolameolli hizo lucir cada grupo instrumental en una entrega que podemos catalogar de brillante dada las características de esta joven agrupación. Interpretar a Mahler son palabras mayores para cualquier orquesta adulta, y que una de jóvenes músicos lo haga con tal calidad se reconoce y aplaude efusivamente.

Como ya es característico el público se componía mayormente de amigos, conocidos y familiares de los músicos, con predominancia de jóvenes, lo que me parece muy bien ya que ahí están los futuros intérpretes y público, aunque también sería bueno difundir de forma más precisa y constante estos conciertos para que el público general pudiera asistir y aquilatar desde ya la calidad de esta agrupación y otras integrantes de la Fundación de Orquestas Infantiles y Juveniles (FOJI). Sobretodo cuando una sala del historial y prestigio del Municipal de Santiago les brinde su escenario, cosa que me gustaría se hiciera de forma permanente en el tiempo.

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