La Madame: El discreto desencanto de la burguesía

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Por José Luis Arredondo.

Bob es un millonario en aprietos, así que decide vender el “Caravaggio” que adorna su departamento de París, su esposa Anne (Toni Colette) es la encargada de organizar una cena a la que acudirá el marchante de arte que pondrá a la venta el cuadro, pero un invitado que cae de sorpresa hace que a la mesa sean 13 personas, número fatal para la supersticiosa Anne, así que la solución de emergencia no se hace esperar, se integrará a la cena una de las empleadas de la casa, María (Rossy de Palma), una española que ha de hacerse pasar por amiga de la familia.

De ahí en adelante todo será para “peor” de acuerdo a los planes de Anne, el marchante queda cautivado con la locuaz y natural María, gracias a su espontaneidad y carisma, que difiere y se aleja del grupo humano de la cena, una fauna apegada férreamente a códigos de simulación, apariencias, prejuicios y sentido de lo puramente material.

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Con estos ingredientes la directora Amanda Sthers (también co autora del guión junto a Matthew Robbins), construye una deliciosa y naif comedia de enredos, en la mejor tradición de la alta comedia inglesa o norteamericana, esa que filtró los vicios de la aristocracia o burguesía desde sus mismos salones, contraponiendo su mundo de apariencias y materialismo al universo de la servidumbre, gente del pueblo poseedora de un sentido mucho más humanista de la existencia.

La tensión surge de inmediato al sentar a María a la mesa, Anne pretende que su mucama actúe como un adorno, que solo ocupe una silla pero no hable. Y María es todo lo contrario a un adorno, es natural, locuaz, ocurrente, divertida, un poco de aire fresco a la pesada atmósfera de los otros comensales, una clase apegada a códigos cifrados en el poder del dinero y la posición social.

“La Madame” es un cuento de hadas, una cenicienta en el París del siglo XXI, que irrumpe en un mundo de apariencias para traer un puñado de verdad y honestidad.

Como película en sí se sostiene en el carisma del elenco, sobretodo las notables Rossy de Palma y Toni Colette, y en unos personajes que se libran de la maqueta gracias a un guión que sabe dotarlos a todos de refinado humor y humanidad.

La cinta fluye con amabilidad, resulta divertida y picarona, la envuelve un sutil erotismo y la crítica social y sátira se filtra clara y precisa pero sin acidez ni negrura, y sin estridencias pone en el banquillo a una casta para la cual las formas son mucho más que el fondo.

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La Madame. Dirección de Amanda Sthers. Guión de Amanda Sthers y Matthew Robbins. Música de Mattheu Gonet. Fotografía de Regis Blondeau.

En los roles principales: Rossy de Palma, Toni Colette y Harvey Keitel.

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