Obra “Molly Sweeney”: Lo esencial es invisible a los ojos

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Por José Luis Arredondo.

Molly tiene 41 años, perdió la visión a los 10 meses de vida, lo que ha significado que construyó toda su existencia a partir de la ceguera, desde niña y con la ayuda de su padre, aprendió a “ver” y conocer el mundo desde la oscuridad, apelando a sus otros sentidos (tacto, olfato) para “visualizar” y dar forma a lo que la rodea.

Hoy está casada con Frank, y se va a someter a una operación a manos del Dr. Rice, una eminencia de la oftalmología que promete devolverle la luz que perdió a los 10 meses de vida. Ella no está muy convencida, “soy una mujer ciega, no discapacitada”, señala con ferrea convicción de que el hecho de no ver no la ha privado de llevar una muy buena vida.

Pero se somete la la operación, que resulta un éxito, sobretodo para Frank y Rice, aunque no del todo para Molly. La promesa de la visión llega a su vida, lo que, paradojalmente,  trae más oscuridad que otra cosa a su existencia …

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“Molly Sweeney” (Ver y no Ver), del irlandés Brian Friel (1929 – 2015), es una obra hondamente sutil y emotiva, un drama de aguas quietas y profundas, que nos lleva, como en un viaje, por la vida de esta mujer, su marido y el doctor que la opera, para indagar de forma muy poética y a la vez rigurosa en lo científico, en qué significa “ser” ciego.

En un escenario prácticamente desnudo hay dos sillones a cada extremo y una silla al centro, son los únicos elementos corpóreos que pueblan la escena (sillón izquierdo para Frank, sillón derecho para Rice, silla para Molly). Lo demás son luces (blanca y de colores) que ambientan, dibujan o sugieren ya sea el mundo que habitan los tres o la visiones internas de Molly.

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La acción propiamente tal es mínima, más que nada los sucesos que hacen avanzar la narración son las sensaciones y emociones de los tres personajes, que muchas veces van entregando detalles a modo de piezas de un rompecabezas con las cuales el espectador construye la historia.  Es una obra de silencios cargados de significados y palabras que no siempre hablan de la verdad.

Frank es un niño grande, un poco ingenuo y muy cándido, Rice un profesional arrogante y herido en lo profundo por el abandono de su mujer que se fue con el mejor amigo de ambos. Entre ellos Molly va y viene un poco contra su voluntad y deseo, construyendo y reconstruyendo verbalmente para nosotros su vida desde pequeña hasta hoy en día.

La puesta en escena dirigida por Omar Morán da cuenta del mundo de Molly con belleza, sutileza y precisión, gracias a un notable trabajo de diseño, el escenario se puebla de luces, sombras, colores y sonidos que forman el cuerpo sensorial que sostiene el universo de la protagonista. En algún momento la oscuridad es total, lo que nos sumerge, como espectadores videntes, en la vida de Molly experimentada tal como ella la vive. La iluminación, de una calidad sobresaliente, viste cada escena y confiere al todo una atmósfera muy expresiva.

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La actuaciones están muy logradas y perfilan con asertividad cada carácter. Diego Casanueva es un Dr. Rice arrogante y amargado, un hombre herido en su orgullo que ahoga en whisky su decepción amorosa, para él, Molly y su vista recuperada es un trofeo que reafirma su resquebrajada autoestima.

Carlos Ugarte pinta un Frank con precisión y soltura, juega muy bien su lado infantil, un tipo hiperventilado, ingenuo y muy cándido, un ser altruista al modo ONG, que es el perfecto contrapunto del frío Dr. Rice. Ama profundamente a Molly, pero no sabe sobrellevar muy bien la situación. Ugarte exhibe carisma y buena química en escena.

Alessandra Guerzoni como Molly Sweeney entrega una de las mejores actuaciones de esta temporada. Interna, expresiva, sutil, de una gran carga emotiva. Su Molly resulta conmovedora y trágica, nos lleva a entrar en el personaje por todas sus aristas y motivaciones, logra recrear muy bien el poder evocador de las imágenes que pueblan la vida de la protagonista y marca, en general, el tono poético, levemente desgarrado y dramático por el que se mueve la pieza.

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“Molly Sweeney” es una obra que rehuye las estridencias, un drama que se aleja del morbo que puede despertar el tema y que nos hace entrar en el mundo de la “no-videncia” con un tono poético y despojado de conmiseración.

Valioso trabajo que gracias al diseño de esta puesta en escena, permite disfrutar de la obra tanto a publico vidente como ciego. Toda una experiencia teatral, emocional y sensorial.

Autor: Brian Friel / Dirección: Omar Morán / Asistencia dirección: Felipe Zepeda/ Elenco: Diego Casanueva (Dr. Rice), Alessandra Guerzoni (Molly Sweeney), Carlos Ugarte (Frank) / Voces en Off: Compañía de Teatro de Ciegos Luna / Escenografía e Iluminación: Rocío Hernández / Diseño Visuales: Alex Waghorn / Diseño de Vestuario: Daniela Vargas Flores / Diseño Sonoro: Cristián Mascaró / Música: Alejandro Miranda / Intérpretes Música Grabada: Orquesta Nacional de Ciegos de Chile / Fotos: Alejandro Araya, Luis Bustamante y Camila Ortiz.

Teatro CorpArtes. Del 28 de septiembre al 21 de octubre. Más info en http://www.corpartes.cl

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