Por José Luis Arredondo.

“Norma” es la historia de una lucha a muerte, la lucha de una sacerdotisa druida que se debate entre el amor que le profesa a un procónsul romano enemigo de su pueblo y el amor por ese mismo pueblo sometido y reprimido por el invasor.

Norma se enamoró del procónsul Pollione, tuvo en secreto dos hijos con el, a quienes mantiene ocultos. Pollione ahora está enamorado de Adalgisa, joven sacerdotisa que le corresponde. Así queda sellado un fatal triángulo amoroso que arrastra a los amantes hacia un trágico final en medio de la soterrada lucha que libran los druidas contra el invasor romano.

Una tragedia que el compositor Vincenzo Bellini (1801 – 1835) convirtió en un paradigma del Bel Canto y que en el siglo pasado cobró vida en voces referenciales como la de Maria Callas, Leyla Gencer, Joan Sutherland o Montserrat Caballé.

Y que después de 18 años vuelve a pisar el escenario del Municipal de Santiago en una versión que se impone más por méritos musicales que teatrales.

Sobre el elenco internacional

Sin duda que en cuanto a voces lo mejor del elenco internacional corre por cuenta de la soprano Oksana Sekerina, se impone gracias a un timbre brillante y de acerada solidez, dramática pero sin perder el norte belcantista de la obra, suma un muy buen desempeño escénico que la pone a la par de la protagonista.

La Norma de la soprano Irina Churilova se aproxima a esas lecturas dramáticas y románticas del rol, en ese aspecto sobresale en los relieves trágicos del papel aunque su canto, no está totalmente impregnado de las delicadezas y sutilezas bellinianas.

Algo parecido a lo que sucede con el Pollione del tenor Sung Kyu Park, heroico, apasionado y enérgico, con un timbre ideal para el estilo y una musicalidad que se ajusta al rol, aunque tiende al arrebato lírico en desmedro del fraseo fino y elegante que ennoblece y humaniza el papel.

Muy bien el Oroveso (sacerdote padre de Norma) del bajo Ievgen Orlov. Símbolo del guía espiritual que mantiene en alto la moral del pueblo reprimido a la espera de librar la lucha contra el enemigo.

Muy sólidos en lo musical y teatral el Flavio (amigo de Pollione) del tenor Pedro Espinoza y la Clotilde (amiga y cuidadora de los hijos de Norma) de la mezzosoprano Evelyn Ramírez. Dos ejemplos de buenas actuaciones que a pesar de lo breve de sus intervenciones, imponen presencia y calidad.

Completa el cuadro un Coro muy empoderado del drama y la atmósfera, de muy buena performance musical y teatralmente activo y expresivo, en una pieza que les demanda bastante participación.

La puesta en escena de Francesca Zambello, funciona como idea y concepto, están presente los símbolos y signos druidas y romanos, en tensa convivencia, el problema es que en un espacio como el del Municipal se ve ahogada, lo que visualmente satura, máxime cuando apela a un eclecticismo que torna confusa la época exacta de la ambientación, en la que se mezclan no muy claramente los siglos XVIII y XIX. Buen diseño de iluminación y un vestuario que tampoco ayuda a clarificar mucho el periodo y a dar unidad estilística.

La conducción de K. Chudovsky resulta definitivamente ajena a Bellini, es más propia de una ópera romántica e incluso verista. Esto deja fuera gran parte del sutil entramado musical de la obra y la torna excesivamente dramática alejándola de su estilo musical.

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Elenco estelar

Aquí se impone lejos la Norma de la soprano Elizabeth Baldwin. Aunque acusa un excesivo sentido trágico del rol y no matiza lo suficiente. Hay notoria falta de pianissimos y sus agudos, seguros, sonoros y bien colocados, de pronto suenan estridentes.

La acompañó bien la soprano Vlada Borovko. De buena presencia y expresividad, resulta una Adalgisa joven y sufriente.

Totalmente al debe queda el Pollione del tenor Kirill Zolochevskiy. Lejos del rol tanto musical como teatralmente, es un procónsul disminuido e inexpresivo.

El Oroveso del bajo Önay Köse sale airoso, buen timbre, sólido y de una atractiva textura. Aunque proyecta en escena una imagen demasiado juvenil para resultar creíble como padre de la protagonista.

Muy bien el Flavio del tenor Rony Ancavil, gracias a un timbre de contundencia y brillo, que se acompaña con fuerza e instinto escénico.

La conducción de Pedro-Pablo Prudencio matizó más que la de Chudovsky, aunque se inclinó también a un sonido más romántico que belcantista y de pronto se hizo notar un excesivo volumen.

18 años de ausencia y una vuelta que nos deja una sensación de ausencia en cuanto al espíritu y cuerpo del Belcanto, aunque logra imponer su intrínseca calidad de obras maestra y referente de su estilo que influyó por décadas hacia adelante.

Dirección musical: Konstantin Chudovsky y Pedro-Pablo Prudencio / Escenografía: Peter J. Davison / Vestuario: Jennifer Moeller / Iluminación: Mark McCullough / Supervisora de mov. coreográficos: Edymar Acevedo / Regie: Francesca Zambello.

Funciones en el Municipal de Santiago hasta el 17 de noviembre.

Fotos: Marcela González.

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