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Bohemios hacen salud: Juan Pablo Dupré (de espaldas), Eleomar Cuello, Matías Moncada y Javier Weibel en la producción del Teatro Regional del Maule. 

 por María Celeste Jiménez

Con un elenco completamente formado por cantantes nacionales y la activa participación de la comunidad artística maulina, se estrenó en Talca una nueva producción de la célebre opera “La Bohème”, de Giacomo Puccini.

El Teatro Regional Del Maule confirma así una muy buena gestión, en un esfuerzo sostenido por producir una vez al año una ópera del más alto nivel, junto a los periódicos conciertos que ofrece la Orquesta Clásica del Maule en toda la región.

La Bohème”, de Puccini, es la séptima ópera completa que produce el Teatro Regional del Maule y fue presentada en dos funciones programadas en días seguidos, el 15 y 16 de noviembre, con un único elenco.

Aplaudimos en primer lugar el esfuerzo y el coraje de los teatros regionales, como el TRM, para producir opera en un país en que los recursos para este arte son escasos y se hallan concentrados en Santiago.

La escenografía de esta “Bohème” estuvo marcada por luces y colores, en una propuesta que integró todas las artes. Sucesivas proyecciones de pinturas de grandes artistas del impresionismo en los grandes paneles del escenario nos transportaron con sentimiento y belleza al París bohemio de los años 30, en que esta vez se ambientó la ópera.

Este punto es muy importante, porque esta ópera navega entre la tragedia de la pobreza en que viven los artistas, entre el frío y las miserias, y la búsqueda de la alegría en espacios comunes como la febril plaza del segundo acto.

En el primer acto, identificamos claramente a los personajes y encontramos a una Mimí auténtica y conmovedora, que domina su rol de principio a fin. Paulina González encarna con emoción aquella mujer tierna y frágil de salud como una compañera fiel y valiente; una Mimí que, a pesar de la adversidad, mantiene la fe en el amor de Rodolfo, que interpretó bien el tenor Juan Pablo Dupré.

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La soprano Paulina González (Mimí) y el tenor Juan Pablo Dupré (Rodolfo).

La relación entre ambos protagonistas fluyó tanto en la actuación como en relación a la música. Cada abrazo y cada momento compartido por ambos conectó con el público talquino, que aplaudió en forma efusiva.

El tránsito –muy bien logrado a nivel escénico en esta producción- desde el borde del estoicismo al hedonismo, surge en el segundo acto, en una plaza del barrio latino de París llena de alegría.

Para esta vistosa escena, el TRM convocó una centena de bailarines y acróbatas de la región, y un sorprendente coro de 20 voces blancas, notable por su bellísimo desempeño. Para muchos de ellos era su primera incursión en una ópera, y quizás marque para muchos un futuro comprometidos con la música.

En medio de esta fiesta bohemia parisina, apareció en escena un auto clásico y una mujer que llena el escenario, Musetta, interpretada por la soprano Marcela González. La dificultades vocales y actorales de la coqueta Musetta, que en la escena central del acto capta la atención de todos, fueron sorteadas con facilidad y propiedad por la soprano.

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Marcela González le imprime su sello femenino al personaje, ya demostrado en “La Traviata” que interpretó en el Teatro Municipal de Las Condes a mediados de este año. Al lado de Musetta, el apasionado Marcelo, interpretado por el barítono Javier Weibel,  vibra y conecta a la audiencia con esta segunda historia de amor entre el pintor y su musa imposible.

 Dos jóvenes y ya consolidados barítonos, Matías Moncada y Eleomar Cuello, encarnaron a Colline y Schaunard. Los dos personajes vetustos de la ópera, el casero Benoit y el acaudalado Alcindoro estuvieron a cargo de Pablo Castillo y Arturo Jiménez.

En general, el elenco cumplió todas las expectativas y nos hizo vivir la experiencia completa de esta ópera de alto tonelaje sentimental.

La dirección del maestro Francisco Rettig, a cargo de la Orquesta Clásica del Maule, ensambló muy bien con los cantantes, en constante coordinación con cada escena.

Siguiendo la tónica del año anterior, (cuando el TRM presentó ‘El Trovador’, de Verdi), la dirección escénica, logra un uso inteligente de la tecnología y, sobre todo, es notable el valor que otorga a los cantantes y bailarines de la escena local, manejando muy bien cada uno de los recursos sobre el escenario, considerando la presión del escaso tiempo para un montaje tan ambicioso.

Rescato con admiración el logro colectivo de este montaje de gran nivel, realizado con sólo dos semanas de concentración y ensayos en la ciudad de Talca. Esperamos que pronto cada capital regional cuente con un nutrido calendario de óperas y conciertos, y una cartelera de espectáculos que estimule y emocione a los nuevos públicos y permitan el más amplio acceso.

Larga vida a la ópera en las regiones de Chile!

 

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