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El director de la Orquesta Sinfónica, Leonard Grin, junto al pianista estadounidense Ben Kim.

Por José Luis Arredondo.

La Orquesta Sinfónica Nacional de Chile presenta hasta hoy, sábado 1 de diciembre, el concierto con que cierra su Temporada 2018.

El programa se inicia con una obra para orquesta y narrador, claramente testimonial, que nos remite a los oscuros años de la dictadura. “Epitafio Encendido”, del compositor peruano Celso Garrido-Lecca (1926), quien en la función de estreno de ayer estaba presente entre el público, es una oscura y lacerante pieza que nos transmite en nueve minutos la sensación de dolor y muerte que vivieron las víctimas de la Caravana de la Muerte.

Esta composición está dedicada al maestro Jorge Peña Hen (creador de las orquestas infantiles y juveniles a nivel continental) y “a todos quienes fueron asesinados en el Chile de 1973″, y en ella predominan unas cuerdas que arrastran angustia y dolor junto a una desazón de fuerte tinte opresivo.

El texto corresponde al poema “Sube a nacer conmigo hermano”, del “Canto General”, de Pablo Neruda, recitado por el tenor Felipe Gutiérrez. Esta elección no resultó muy afortunada ya que claramente el intérprete quedó al debe con toda la fuerza dramática, notoriamente épica, del poema nerudiano. Se extrañó la presencia de un actor a cargo de esta parte.

Tras la ejecución, hubo un prolongado y emotivo aplauso al compositor, que agradeció desde la primera fila del Teatro Universidad de Chile.

Tras una breve pausa entró a escena el joven pianista estadounidense Ben Kim, de 34 años, para interpretar una de las cumbres del arte musical de todos los tiempos, el Concierto para Piano y Orquesta número 4 de Ludwig van Beethoven.

En esta obra magnífica, el genio alemán despliega en 33 minutos una enorme gama de sensaciones y virtuosidad, en un diálogo permanente del piano con la orquesta, en la que esta última conversa, contradice o reafirma lo expuesto por el solista, quien se ve exigido por una alta cuota de romántica expresividad, fuerza, lirismo, delicadeza y sobre todo agilidad.

Este diálogo, en esta ocasión, no fue del todo fluido entre Kim y el maestro Leonid Grin a cargo de la Sinfónica. Sin duda es un excelente intérprete, pero faltó compenetración con la dirección de Grin.

Despedida del maestro Leonard Grin

El intermedio dio paso al plato fuerte de la velada, la exultante y violenta Sinfonía número 10 de Dimitri Shostakovich, obra compuesta tras la muerte del dictador Josef Stalin y que el propio compositor clarifica: “No podía componer una obra a la gloria de Stalin … pero debía describir a Stalin en mi sinfonía. La compuse exactamente después de su muerte y nadie ha acertado cuál es el tema. Trata de Stalin y los años de su mandato. Naturalmente contiene otras muchas cosas, pero su base es esta”.

Esta sinfonía es una obra de brillante orquestación, que se debate entre un soterrado lirismo (el autor) y acordes violentos, trágicos, envueltos en una percusión de redobles militares y aplastantes (el dictador). Ambas fuerza antagónicas en lucha por imponerse la una sobre la otra, con un atisbo de luz al final que parece refrendar la sensación de triunfo del músico por sobre la adversidad.

Una vez más, el gran grupo orquestal de la Universidad de Chile (de la mano de su director titular, Leonid Grin) dio cátedra de calidad a la hora de interpretar al connotado compositor ruso. Qué mejor despedida para el gran ciclo que ha protagonizado el maestro Grin a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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