Por José Luis Arredondo

Con un programa muy bien elegido e interpretado, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile celebró 78 años de vida. Casi ocho décadas que han marcado la historia de la música docta en nuestro país, llevando al público de distintas generaciones un completo abanico de obras y compositores de todas las épocas.

Programa bien elegido porque las dos obras interpretadas son de muy buena llegada a una amplia audiencia y ambas permiten aquilatar las cualidades del conjunto de músicos que hoy conforman la agrupación.

El programa partió con una pieza de esas que hacen vibrar a la audiencia: el concierto para piano Nro 2 en Fa mayor, op. 102, de Dmitri Shostakovich.

Ya desde los primeros acordes nos sumergimos en el universo del compositor, con esos sonidos militares de oscura y punzante marcialidad, con los que tantas veces nos habló, implícitamente en sus sinfonías, sobre su tensa relación con el régimen de Stalin.

Una obra de agitada expresividad, que también sabe contener, como un remanso, un hondamente lírico y emotivo segundo movimiento. Obra compuesta en 1957, con Stalin ya muerto, y dedicada a Máxim, el hijo del músico, un chico de 19 años entonces.

Excelente labor del pianista nacional Luis Alberto Latorre, que acometió con fuerza y destreza toda la agitada expresividad de la pieza.

Luego de un intermedio entramos de lleno a la que es sin duda la pieza musical más icónica de occidente: la 5ta sinfonía de Beethoven. Cuyas primeras notas (el ta ta ta tan del llamado del destino), ha sido tarareado por gran parte de la humanidad a estas alturas.

Una obra cuyo primer movimiento ha sido incluido de decenas de otras obras musicales de diversos estilos, como un referente y sinónimo obligado de lo que para nuestra cultura es música.

Hoy nos resulta totalmente familiar, lo interesante es imaginar el impacto que este sonido iracundo, enérgico, enrabiado, pletórico de exaltación con esos vientos robustos y esa percusión que estremece, causó al público de la época.

Lucimiento total de la orquesta en cada grupo instrumental, aunada bajo la experta batuta del maestro Rodolfo Saglimbeni, que extrajo de cada movimiento todo ese enérgico potencial sonoro que caracteriza a esta obra referencial.

Un cumpleaños feliz, redondo, que el público celebró con un aplauso que se prolongó por varios minutos la tarde del sábado 5 en el Teatro Universidad de Chile, en merecido reconocimiento a nuestra más antigua y prestigiosa agrupación musical.

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