Por José Luis Arredondo.

Ámsterdam, 1888. A toda prisa se construye la que será la gran estación de trenes de la ciudad, una obra pública que convocará miles de pasajeros de todas partes cada año y sin duda articulará buena parte de la vida de esa capital.

Estar próximos a la estación será una situación de privilegio, por eso un grupo de inversionistas pone los ojos en un conjunto de casas de la manzana más próxima a la estación, con un plan infalible en cuanto a negocio, construir el Gran Hotel Victoria, un edificio de lujo que sin duda se convertirá en el centro social de la clase más pudiente y el sitio de alojamiento de cientos de pasajeros.

Problemas no debiera haber, los propietarios de esas casas son gente modesta, pequeños comerciantes o artesanos que no dudarán en vender al precio que les ofrezcan. Todos venden sin titubear, todos salvo el luthier Walter Vedder, un fabricante de violines que directamente pide el doble de lo que le ofrecen y de pasada convence a su vecino de hacer lo mismo.

Vedder cree poder torcer la mano de los inversionistas y hacerlos pagar lo que el pide. Con el fruto de esa venta planea un negocio redondo, prestar con intereses dinero (para los pasajes) a un grupo de pobres campesinos a los que convence, ayudado por un primo boticario de pueblo, de emigrar a Estados Unidos en busca de la tierra prometida y hacerse la américa.

El problema es que los inversionistas no dan su brazo a torcer y barajan las cartas a su favor, desencadenando una serie de fatales acontecimientos con trágicos resultados.

«Obras Públicas» (Joram Lürsen), es una devastadora historia de sueños y ambiciones, el estudio, no carente de lirismo, de un grupo humano puesto en una situación en la que se juegan el presente y el futuro, y en el que sus mejores intenciones se vuelven contra sí mismos como una cadena de desaciertos en la que, algunos sin arte ni parte, deberán afrontar fatales consecuencias.

Late como fondo una aguda crítica al sistema capitalista y uno de sus pilares, la especulación, que apuesta a lo incierto y cada tanto cobra víctimas inocentes y no tan inocentes también.

Gran parte de la trama y su desarrollo, gira en torno a un instrumento que será clave en la historia y su resolución, como si Lürsen apostara al arte (la música), como una salvación, la posibilidad de poner a tu favor el destino y lograr que no todo sea para peor.

Una película sensible, de personajes trágicos, envueltos en pasiones desatadas y de gran nobleza en algunos casos.

Hay también una certera crítica al poder del dinero y el llamado desarrollo urbano, ese que hace avanzar una ciudad hacia una mejor calidad de vida, pero muchas veces a un alto costo para algunos sectores.

Excelentes actuaciones y una refinada dirección de arte y fotografía.

Disponible en Netflix

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