Por José Luis Arredondo.

Vaughn y Trenton son amigos desde la infancia, una amistad ya consolidada y que los lleva a compartir muchos momentos juntos. Como un fin de semana de caza en la tierras altas de Escocia, en un coto cercano a uno de esos pueblos chicos y un poco misteriosos en los que todo puede pasar cuando eres forastero.

Luego de una primera noche de cervezas (varias) y baile en el Bar del poblado, ya de madrugada y no con poca resaca, ambos van de caza premunidos de dos rifles de alto calibre. La presa se deja ver a los pocos minutos, un ciervo que camina tranquilamente entre los árboles, con el objetivo en la mira uno de ellos dispara, un tiro faltal, que da en un blanco absolutamente equivocado, provocando una cadena de fatales acontecimientos y malas decisiones que arrastrarán a estos cazadores a vivir un fin de semana infernal.

«Calibre» es un thriller que transita con total efectividad por todos los tópicos del género. Hay una alta dosis de suspenso y creciente tensión. El director y guionista Matt Palmer logra crear una atmósfera inquietante y, a medida que avanza la cinta, violenta.

Logra equilibrar muy bien la acción y el sustento «ideológico» de la película, que se ocupa de asuntos como la ética y nuestra responsabilidad frente a errores cometidos. En este caso el pueblo y sus habitantes actúan como un microcosmos representativo de un mundo en el que las responsabilidades se asumen, las acciones se afrontan y los errores se pagan, y algunos muy caro.

Todo lo que hacemos tiene repercusión, y todas nuestras acciones u omisiones consecuencias. Vaughn y Trenton se ven envueltos en una pesadilla desencantada por malas decisiones, a partir de una primera acción que se transforma en una bola de nieve montaña abajo. Con un final devastador que se filtra como una lección para los protagonistas y el espectador.

Mérito absoluto de Matt Palmer, que entrega una ópera prima de grueso calibre.

Disponible en Netflix

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