Por José Luis Arredondo.

Ingrid Olderock fue uno de los funcionarios más siniestros de la dictadura, una torturadora, oficial de carabineros, que se especializó en amaestrar perros para utilizarlos, como instrumentos de tortura, contra prisioneros y prisioneras políticas.

De entre los animales adiestrados para tal fin se encontraba «Volodia», un pastor alemán criado por ella desde cachorro para asistirla y seguir sus ordenes en brutales sesiones de tortura.

«Yo amo a los perros» es una obra, actualmente en cartelera en Taller Siglo XX, que retrata los últimos días de Olderock encerrada y oculta en su casa junto a su perro.

En la acción, la torturadora ya está «retirada» de su siniestra ocupación, abandonada y olvidada por aquellos a los que sirvió, con una bala alojada en su cabeza, pasa los días oculta de todos y todas en su casa. Presa de delirios persecutorios, cree ver en cada vecino o vecina un espía, teme salir a comprar incluso el pan, ya que no soporta la idea de ser identificada e interrogada sobre su brutal pasado.

En este delirio, su fracturada mente ha humanizado al perro. Volodia es aquí un ser pensante y parlante, que hace sus descargos y la culpa de haberlo hecho cometer actos aberrantes de carácter violento y sexual contra prisioneras, también intenta hacerla entender que él es un animal y no una persona como ella pretende.

La convivencia entre ambos es tensa y disfuncional, se agreden y se acompañan, los planos temporales se confunden, tanto el tiempo y la acción parecen brotar, fracturados y confusos, de la mente enferma de Olderock. El espacio que habitan es precario, pobre, sucio y pequeño, lo que los obliga a una cercanía que provoca los tensos y violentos roces mediante los cuales avanza la acción.

Un muy buen nivel actoral, sobretodo por parte de la protagonista, refuerza la lectura política de la obra, que aparte de sacar a colación un personaje reflejo de la etapa más oscura de nuestra historia reciente, hace incapié en el hecho que tanto este, como otros y otras funcionarios del régimen, terminaron sus días sin enfrentar la justicia, e incluso muchos hoy en día caminan libres por las calles, escudados en el anonimato.

«Yo amo a los perros» es una de esas obras siempre necesarias, porque aunque a muchos les parezca majadero, es bueno que el teatro no suelte estos temas, sobretodo en tiempos en que el sector político que propició, sustentó y avaló la dictadura, hoy cobra nueva fuerza a nivel continental.

Compañía Teatro La Bicibomba. Escrita y dirigida por Guillermo Alfaro. Con Valeria Salomé y Roberto Pavés. Hasta el 27 de abril en Taller Siglo XX (Ernesto Pinto Lagarrigue 191. Barrio Bellavista). Jueves, viernes y sábado a las 20:30 horas.

One thought on “«Yo amo a los perros»: El delirante fin de una mente criminal”

  1. Fuí a ver yo amo los perros, excelente, me hizo llorar y a vez reír, su protagonista realmente se involucra con el personaje, me emocionó. Muy recomendable.

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