Por José Luis Arredondo.

Desde la pasada y olvidable «Tosca» de la temporada lírica 2018 que no asistíamos a una presentación tan fallida del elenco estelar en el Municipal de Santiago.

Y, pareciera no ser casualidad, ya que la protagonista femenina (Leonora) estuvo a cargo de la misma soprano que decepcionó en aquella oportunidad como la heroína pucciniana.

En esta ocasión, la soprano armenia Lilit Soghomonyan simplemente no da el ancho para cubrir como corresponde este referencial rol verdiano. Le falta voz, volumen y carácter para encarnar un papel de tinte hondamente dramático. Su Leonora es un esbozo, una aproximación, un bosquejo del trágico personaje. El registro es el adecuado, pero no basta. La proyección, vocal y dramática, es escasa; luce una zona media débil, graves y pianissimos casi inexistentes, y agudos breves y poco consistentes.

Distinta suerte corre el Don Álvaro del tenor mexicano Héctor Sandoval (en la foto). Mucho más lírico que dramático, consigue entrar en el rol y darle especial brillo a su nobleza, gracias a una línea de canto de gran musicalidad y un fraseo que evoca a ratos la delicadeza de un Carlo Bergonzi.

Sandoval maneja bien sus recursos, y aunque su timbre no se presta al perfil más heroico del noble inca fugitivo, saca adelante un trabajo expresivo y adecuado al espíritu trágico de su rol.

El barítono mexicano Ricardo López llega con lo justo en su interpretación de Don Carlo de Vargas, el vengativo hermano de Leonora. Le falta dureza y fiereza, teniendo en cuenta que este personaje es virtualmente un perro de presa que va a la caza de los amantes fugitivos. Le ayuda bastante el color de su timbre, pero el fraseo se inclina más a lo lírico que a lo dramático y eso desdibuja la sed de venganza y el carácter beligerante del rol.

La que brilló con luz propia fue la mezzosoprano chilena Evelyn Ramírez, que encarnó a una potente Preziosilla. Con generoso y abundante caudal, gran sentido escénico, aplomo, fuerza, carácter y seguridad, Evelyn instala su performance como uno de los aciertos de esta versión.

Un caso especial es el del fogueado barítono chileno Patricio Sabaté. El cómicamente malhumorado Fray Melitone no es un papel que se ajuste cien por ciento a su registro, pero Sabaté lo saca adelante apoyándose en su experiencia y calidad. En este sentido su labor logra configurar adecuadamente el rol más en lo teatral que en lo específicamente vocal.

Bien el padre Guardiano del bajo Taras Berezhansky, al igual que el Marqués de Calatrava del bajo Jaime Mondaca, la Curra de la soprano Paola Rodriguez, el Alcalde/Cirujano del bajo-barítono Matías Moncada y el maestro Trabucco del tenor Pablo Ortiz.

El Coro, sólido y empoderado en sus escenas, tal como ya lo demostró junto al Elenco Internacional, que ya comentamos con detalles en anterior publicación.

La conducción del maestro Pedro-Pablo Prudencio es notable, llena de fuerza y sentido dramático, apoyada en una orquesta que está totalmente entregada al espíritu de la obra y todas sus aristas.

Sigo sin entender el concepto de la puesta en escena, un teatro italiano en ruinas que bien puede ser una básica y pueril metáfora de «el teatro de la vida», o un homenaje al mundo de Verdi.

Esta versión de «La fuerza del destino» no convence. Hay aciertos que lucen por separado, pero que en conjunto no logran elevar el total más allá de lo regular.

La segunda y última función de este elenco tendrá lugar el martes 23 de abril a las 19 hrs en el Municipal de Santiago.

Fotos Patricio Melo.

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