Por María Celeste Jiménez

La Séptima Sinfonía de Gustav Mahler es un bosque encantado, y el joven director chileno Paolo Bortolameolli, a sus 35 años, lo recorre como quien ha jugado desde niño en ese lugar. La obra es una aventura extensa en cinco movimientos, que para ser ejecutada requiere de valentía, erudición y sobre todo, de amor por lo que cada nota devela a quien se interna en su partitura. 

En dos conciertos a tablero vuelto al frente de la Orquesta Filarmónica en el Municipal de Santiago, el 7 y 8 de mayo, Paolo Bortolameolli abrazó este desafío con el profundo amor que lo une a la música desde niño. Lleva años escarbando en la historia de cada una de las obras de Mahler, llegando incluso a vincular los sucesos que rodearon la creación de esta Séptima Sinfonía. El director de orquesta compartió este interesante proceso en sus redes sociales y en un encuentro en el mes de abril ante cerca de 200 personas, donde reveló los secretos detrás de un concierto que instaló a Mahler nuevamente en la palestra.  

Bortolameolli saca la música del escenario del teatro y la emite por las redes, transmite y convoca, es un puente entre la complejidad de Mahler y el interés de un nuevo público que se busca ver obras que lo interpelen; un público que lleva la cuenta de las sinfonías del compositor que se han presentado en Chile, y que reitera una y otra vez que “esperan la Novena de Mahler por Bortolameolli”. 

La semana bajo la batuta del director asistente de LA Phil en el Teatro Municipal de Santiago fue épica para la orquesta, y quedará en la memoria como una cumbre de exigencia que llevó al límite a los músicos y al conductor, quienes – luego de sucesivos conciertos y previo a un ballet- en tan solo un par de ensayos lograron apropiarse magistralmente de una de las obras más exigentes y esperadas de este año, que ya se vislumbra entre lo mejor de la presente temporada. 

Si hay algo que distingue a un director de orquesta es su comunicación con el autor, con la orquesta, con cada uno de los músicos, y con el público, tanto dentro como fuera del teatro; porque la música, por naturaleza, se amplifica en los comentarios, que fueron muy positivos sobre el sello distintivo que impone Bortolameolli. 

Sumidos a medianoche, en el bosque de Mahler. 

Luego de ver los conciertos que condujo en el Municipal, queda en la memoria un programa homogéneo y sobresaliente que abrió con el estreno absoluto de “Nocturno”, creación del compositor chileno Miguel Farías. Con un estilo que evoca los colores de Mahler, Farías nos lleva de paseo por una noche que invita a bailar, creando con la percusión una atmosfera romántica, abrazando un bolero, a ratos rupturista, con instrumentos que sorprenden y despiertan los sentidos. Un total acierto. 

Más tarde, Mahler se apodera de la escena. El primer movimiento anuncia cautelosamente que estamos ante una creación de alta exigencia, el tempo sorprende y requiere máxima atención del cuerpo orquestal; nada es predecible, y la música fluye sin errores, con armonía y complicidad en cada pequeña resolución. 

En el segundo movimiento, se vive la fiesta de los vientos. Gustav Mahler abre cada una de las posibilidades para brillar de cornos, trompetas y clarinetes; asoman flautas, y el disfrute es total. El resto de la orquesta se une y sella esta bienvenida al siglo XX. 

Dos nocturnos, en el segundo y cuarto movimientos, y una búsqueda del amor y la música como un conflicto, un espejo de su vida, y del tránsito que vivió de un ciclo histórico que se cierra. Gustav Mahler no resuelve en paz,; al contrario, quiebra, se conflictúa, sufre, duerme, y resuelve que desea seguir. Descansa a ratos en los armónicos, y se revela, tal como lo hizo en la realidad. Bortolameolli ahonda, estudia y vive el conflicto de Mahler.

En el segundo movimiento ya se percibe la atmosfera que rodea la creación, comienza el rupturismo, y los músicos lo disfrutan. A ratos, el tercer movimiento descansa en un respiro de romanticismo, y luego regresa con toda la energía que lo caracteriza, con el mismo poder de un Titán y de la Canción de la Tierra, que ya ha ejecutado en Santiago el mismo director. 

En los conciertos en el Municipal de Santiago se observó un masivo y efusivo público que aplaudía casi en cada movimiento, a sabiendas de que cada vez la obra iba in crescendo. Hasta que en el último segundo del último concierto, se oye un “bravo”!! desde el fondo del teatro, para culminar esa última nota como una gloriosa coronación de una semana épica. 

Agenda recargada

La agenda de Paolo Bortolameolli este año ha sido un torbellino. Comenzó en Santiago de Chile con tres funciones de ‘La Canción de la Tierra’, del mismo Mahler, junto a la Sinfónica; para regresar a Los Angeles, California, al Walt Disney Concert Hall, donde en febrero lo admiramos dirigiendo un concierto de música de películas junto al magnifico compositor Michael Giaccino. Tuve el gusto de acompañarlo en los ensayos de este concierto, y también en un novedoso recorrido virtual por el teatro, que brilla como un icono del escenario más importante de la costa oeste de EEUU. 

En su rol de director asistente en la Filarmónica de Los Ángeles, California, el director de orquesta trabaja junto al consagrado conductor Gustavo Dudamel, y acaba de participar en el mes de marzo de 2019 en la gira LA100tour, que lo llevó a los principales escenarios de Seúl y Tokio. 

Actualmente Bortolameolli es representado por Fidelio Arts, quienes planean una agenda mundial que lo llevará en los próximos meses a España, México, y nuevamente al escenario del Hollywood Bowl en julio, para luego acercarse a dirigir en Rosario, Argentina, y regresar en agosto a Santiago de Chile frente a la Orquesta Sinfónica en dos fechas que culminan con la Novena Sinfonía de Gustav Mahler. Ahí estaremos.

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