Por José Luis Arredondo.

Lo que te ocurre en la infancia te ocurre para siempre, la niñez es la página en la que todo lo que se escribe se vuelve a leer el resto de tu vida. Por eso cualquier hecho doloroso, traumático, violento, moldea tu adultez y te marca, te envuelve como una sombra opresora y recurrente.

En la Ciudad de la Fruta una niña fue abusada reiteradamente por cuatro hombres, cuatro cercanos a ella que aprovechando esa proximidad le arrebataron a temprana edad la infancia.

Esta niña, ya adulta, articula este doloroso episodio en la forma de un desgarrador y catártico testimonio teatral. Escenifica, apelando a signos y símbolos, el abuso, como una forma de expiación y sanación, que busca en el arte el modo de iluminar el presente develando el pasado.

Es una obra valiente, descarnada, que sin recurrir al melodrama ni al morbo, explicita el sufrimiento de la protagonista. Aquí se toma la forma de una terapia guiada para expulsar en escena los demonios, internos y externos, de este fatal pasado. Y lo hace sin conmiseración, de cara a los hechos, exponiéndolos casi con distanciamiento, para abarcarlos y penetrar en ellos hasta anularlos.

La narrativa es seca, por momentos dura, violenta y cortante. Los hechos acaecidos se exponen descarnadamente, con la fuerza que brota del íntimo testimonio personal.

Un testimonio que la dirección cuaja en un juego escénico que refleja en la forma la contenida violencia de la historia. Conviven casi sin tocarse los mundos de la abusada y los abusadores, unidos por un hilo invisible que los mueve y los lleva de aquí para allá en permanente tensión. Los hombres buscan armar una coartada en conjunto para zafar de la acusación. La mujer expone los episodios sufridos con cada uno, dando contexto pasado y presente a lo que fue y es ella en cuanto a un ayer de niña abusada y un hoy de mujer dañada que busca la luz al final del túnel.

La Ciudad de la Fruta es una obra que reflexiona agudamente, un testimonio fuerte, valiente, emotivo, que nos provoca una catarsis por la compasión frente al dolor expuesto.

Muy buenas actuaciones de todo el conjunto. Transmiten el compromiso y plasman la emotiva fuerza de los hechos.

Un trabajo que impacta por la naturaleza del testimonio y cautiva por la calidad de la puesta en escena.

Dramaturgia de Leyla Selman. Dirección de Rodrigo Pérez. Diseño integral de Catalina Devia. Diseño gráfico de April Gregory. Compañía Teatro La Provincia.

Elenco: Catalina Saavedra, Marcela Millie, Francisco Ossa, Jaime Leiva, Marco Rebolledo y Guillermo Ugalde.

En el Teatro La Memoria (Bellavista 0503. Metro Salvador). Hasta el 26 de mayo. Jueves a sábado 20:30 hrs. Domingo 20 hrs. Entradas a 6 mil y 3 mil pesos.

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