Por José Luis Arredondo.

«Es castiza, es hermosa, / ! Es poética y también original ¡ / es castiza, pintoresca, / ! Se declara monumento nacional ¡

Monumento Nacional del teatro musical, el clásico de los clásicos del teatro chileno, que a 60 años de su estreno y tras varias versiones, volvió a escena esta vez en el Centro Gam, bajo la dirección escénica de Héctor Noguera (quien fue parte del elenco original), y dirección musical de Cuti Aste.

«La Pérgola de las Flores», la obra más popular y difundida de la dramaturga Isidora Aguirre y el compositor Francisco Flores del Campo, es ya parte de nuestro inconsciente artístico colectivo. La mayoría conocemos su anécdota y podemos tararear al menos algunas de sus canciones, no pocos hemos visto más de una versión (en mi caso la primera fue a mediados de los años 70 en el ex Teatro Opera) y muchas y muchos la tenemos asociada a figuras emblemáticas de nuestra escena como lo fueron Ana González y Silvia Piñeiro, por citar dos de sus participantes originales.

Noguera traza esta Pérgola desde lo tradicional, es una mirada historicista de ese Santiago que a fines de los años 20 pujaba por ser una ciudad moderna, y que sin embargo a pesar de la distancia resulta y resuena actual, gracias a que se potencia el conflicto político y social de la pieza. Una obra que enfrenta a un grupo de mujeres trabajadoras (Las pergoleras), con el poder político y la clase dominante, en una abierta lucha por evitar ser desalojadas de su lugar de trabajo junto a la Iglesia de San Francisco, con el propósito de ensanchar la Alameda.

Una versión cargada de energía, vida y color, ágil y dinámica, con buen soporte coreográfico, musical y visual (atractiva paleta de imágenes en movimiento del Santiago que ya no es), y una impronta general de expresiva teatralidad.

En lo actoral todo el numeroso elenco está muy afiatado, conforman una variopinta galería de personajes, que aunque tratados la mayoría desde el arquetipo, resultan humanos y reconocibles como parte representativa de nuestra fauna social.

A la cabeza se instala una Carmela muy energética y juvenil a cargo de Daniela Benítez. Dulce, tierna y expresiva, transparente y afirmada en un excelente desempeño tanto histriónico como en lo concerniente a canto y baile.

La Rosaura San Martín de Gabriela Aguilera es todo lo fuerte y decidida que debe ser, ejemplo de mujer luchadora y proactiva, que se enfrenta al poder con firmeza y convicción. Un perfil que resulta muy bien servido en cuanto a su impronta y naturaleza.

En otro registro se instala la Ramona de Marcela Millie, jugada desde algo cercano a la maqueta resulta divertida y cercana, identificable con su carácter de vieja intrusa, murmuradora y pechoña, que sin embargo se suma activamente a la lucha por su puesto de trabajo.

Y entre ambas pergoleras se instala con acierto la coqueta y desinhibida Charito de Carla Casali, que aporta la nota fresca, pícara y juguetona que juega como equilibrio de fuerzas entre Rosaura y Ramona.

Muy bien María Paz Grandjean como Laura Larraín viuda de Valenzuela, la más interesada en sacar a las pergoleras de su lugar. Un trabajo que acerca el rol a su faceta más crítica, aquí Laura es una burguesa arrogante, violenta, imbuida a fondo de un clasismo agrio e insolente. El tipo de persona que lanza el apellido con la seguridad de que llamarse como se llama (dispara el Larraín como si fuera un proyectil), la instala en un lugar de privilegio y de poder. Algo que hoy en día vemos muy seguido por parte de alguna clase política.

A la par se instala el alcalde de Manuel Peña, aunque no muy afortunado en el terreno musical (hay claras falencias en el canto), se afirma en un buen desempeño actoral, para dar vida al prototipo del político experto en malas artes y pusilánime. Tal como lo confiesa, el que dice siempre sí a todo y todos y al final hace lo que le conviene más a sus propios intereses.

Completan el buen desempeño un Tomasito ejecutado con prestancia y seguridad por Juan Pablo Larenas; el Carlucho de Carlos Ugarte; la Clarita de Catalina Stuardo; el Pierre de Camilo Carmona, que se adueña de los momentos más cómicos de la obra; el Pinpim Valenzuela de Juan Pablo Miranda; el maestro Rufino de Claudio Riveros; el Facundo de Jonathan Vásquez; el Fuenzalida de Marco Rebolledo; el Regidor de Juan Carlos Maldonado; las hilarantes hermanas Rioseco a cargo de Elisa Vallejos y Silvanna Gajardo; la Cora de Paula Hofmann; la Luchi de Mara Sedini; el Ruperto de Alberto Alegría y la Mujer de Rojo interpretada por Alvaro Córdova, que entrega una potente y electrizante versión de las Tonadas de Medianoche, en uno de los mejores momentos de esta puesta en escena.

Muy bien integrado el coro conformado por Carolina Ruiz-Tagle, Angela Gaviraghi, Amparo Saona, Dominga Flaño, Gabriela Labra, Lorena Erpel, Carlos Sánchez, Fabián Villalobos, Manuel Almonacid y José Manuel Echaurren.

La «Pérgola de las Flores» sigue siendo un hito, una obra que entre sus pliegues de música y humor y color, hace latir una fuerte impronta de crítica social y política. Y la mejor forma de celebrar el centenario de su autora Isidora Aguirre, con una versión que sin tocar su esencia la hace resonar actual y vigente, en el retrato de un conjunto de trabajadoras que se enfrentan con decisión al poder que pretende avasallarlas.

Un genuino y declarado Monumento Nacional de nuestra escena.

Dramaturgia: Isidora Aguirre / Música original: Francisco Flores del Campo / Dirección: Héctor Noguera / Asistencia de dirección: María de los Ángeles Calvo / Diseño escenográfico e iluminación: Ramón López Cauly / Dirección musical: Cuti Aste / Dirección coral: Sebastián Muirhead / Dirección coreográfica: Francisca Sazié / Asistencia de coreografía: Daniella Santibáñez / Diseño y confección de vestuario: Carola Sandoval / Asistencia de vestuario: Florencia Borie / Realización escenográfica: Francisco Sandoval / Pianista pasante: Marta Montes / Diseño y audiovisual: Delight Lab / Producción ejecutiva: GAM / Producción general: Piedad Noguera / Jefe técnico-sonido GAM: Rodrigo Chirino / Productor GAM: Francisco Matamoros / Músicos: Marta Montes, Marco Vásquez, Camilo Morales y Sebastián Vásquez.

En el Centro Gam, hasta el 15 de diciembre. Viernes y sábado a las 20 horas y domingo a las 19:30. Entradas entre 4.000 y 10.000 pesos.



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