Por José Luis Arredondo.

“Casablanca”, estrenada en 1942 y ganadora del Oscar a Mejor Película, es una de las cintas símbolo de la era dorada de Hollywood y tuvo como responsable al director húngaro avecindado en Estados Unidos, Michael Curtiz (1886-1962). Este fue un notable cineasta, nacido en Hungría y radicado en Estados Unidos desde 1926, con mano de hierro y pésimo carácter, que nos legó un puñado de grandes películas entre las más de 160 que realizó en 50 años de carrera.

La película “Curtiz” (2018, disponible en Netflix) es el repaso pormenorizado al rodaje de “Casablanca” y a toda la tensión que se respiraba en su set; una película que se iba escribiendo a la par que se rodaba y que no lograba definirse entre un drama romántico o un filme bélico que enalteciera los ideales patrióticos de una nación que había entrado de lleno a la Segunda Guerra Mundial.

«Curtiz» es la ópera prima del cineasta húngaro Tamás Yvan Topolanszky (nacido en 1987) y se articula con soltura sobre cuatro ejes: La explícita presión del gobierno norteamericano por hacer de la cinta una película bélica, que funcionara como propaganda antinazi y enalteciera la lucha de los soldados americanos en el frente de batalla; La tensa y disfuncional relación del cineasta con su hija, que se cuela como extra en el set; Los inconvenientes de trabajar presionado por los ejecutivos de la Warner Bros; y la tensión reinante en un estudio donde el director y el equipo de trabajo, elenco incluido, mantienen una pésima relación.

Con esas líneas de relato, “Curtiz” fluye bien como película, pero sin duda se disfruta mejor mientras más cinéfilo sea el espectador y mientras más interés por “Casablanca” tenga. La fotografía en blanco y negro ayuda a crear la atmósfera de época y las actuaciones resultan discretas pero efectivas.

Anuncios

Deja un comentario