Por José Luis Arredondo.

En esta serie de producción islandesa, Valhalla no es la morada de los dioses nórdicos ni nada parecido. Por el contario, es un reformatorio de oscuro y siniestro pasado, en el que a finales de los años 80, un grupo de niños vivió traumáticas experiencias.

La institución estaba a cargo de tres cuidadores, que hoy en día, y en un lapsus bastante breve, aparecen horriblemente asesinados (muertos de múltiples puñaladas y con los ojos mutilados).

El caso llega a manos de la detective Kata y el detective Arnar (proveniente de la policía de Noruega), ambos trabajólicos y reconocidamente eficientes, que a su vez cargan con sendos dramas familiares; ella con su hijo adolescente y él con su padre, un hombre ya muy mayor internado en un hospital.

Entre los dos detectives deben dar con pistas que los lleven a la persona que está detrás de los crímenes. En su búsqueda, cuentan con un solo elemento de referencia, una vieja fotografía en la que aparecen posando los niños y sus cuidadores.

“Los asesinatos de Valhalla”, estrenada en marzo recién pasado en Netflix, tiene la virtud de abordar un tema escabroso sin caer en el morbo, y captar el interés del espectador por medio de la tensión que se acrecienta en cada episodio, a medida que los detectives se acercan a dar con la solución del caso y capturar a él o la culpable de los asesinatos. Por cierto que la historia toma inesperados giros durante su desarrollo, pero estos no se desvían jamás de la estructura y motivaciones centrales, ni se alejan del sentido último de la trama.

La serie refleja además muy bien el paradigma de una sociedad que en apariencia vive bajo un sistema que funciona a la perfección, pero que no escapa de resultar ineficaz a la hora de proteger a un grupo altamente vulnerable, como lo son los niños.

Esta producción cuenta con excelente fotografía y dirección de arte, necesarios para reflejar un ambiente gélido, que se hace inquietante bajo cielos encapotados, nieve que permanentemente domina todo el paisaje, y un tímido sol que ilumina pero no calienta.

Muy buenas actuaciones de todo el elenco, que configura personajes sólidos y creíbles para una historia que por momentos estremece en su descarnada humanidad. Se deja ver claramente de fondo la influencia del ‘noir nórdico’ y de novelas como «Millenium», de Stieg Larsson, en el retrato de una sociedad moderna y con alto estándar de vida, que sin embargo no escapa a tener más de un cadáver oculto en su closet.

Disponible en Netflix. 8 capítulos. Primera temporada.

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