por José Luis Arredondo.

Estamos en la Polonia que aún vive bajo la órbita soviética, en la década de 1980, gobernada con mano de hierro por Wojciech Jaruzelski. Y aunque ya soplan los vientos que van a derribar el muro de Berlín, esa brisa no se siente todavía en un pueblo chico y apartado de la capital Varsovia. Un pueblo en cuyas afueras se encuentra un tétrico y lúgubre bosque donde un brutal hecho de sangre ha tenido lugar.

Entre la inquietante vegetación del lugar, una chica encuentra dos cadáveres degollados. Sin embargo, lo que podría parecer un doble asesinato no muy infrecuente, toma un cariz de noticia política cuando se sabe que uno de los cuerpos corresponde a una joven prostituta de 22 años, y el otro al máximo dirigente de las juventudes socialistas del lugar.

El macabro hallazgo estremece el pueblo y se convierte en material de investigación para dos periodistas del diario local. Ambos profesionales, un viejo zorro del oficio y un impulsivo novato, se verán enfrentados a toda la siniestra maquinaria de un régimen totalitario cuando descubren pistas sobre la inocencia del hombre que es sindicado como el asesino. Y la situación se vislumbra aun más compleja cuando aparecen indicios que involucran desde oscuras prácticas dictatoriales hasta episodios de abuso sexual contra un grupo de adolescentes.

La serie polaca “El Pantano” («Rojst» es su título original), está escrita y dirigida por Jan Holoubek, y a lo largo de cinco capítulos disponibles en Netflix, repasa a fondo las prácticas que se llevan a cabo bajo una dictadura cuando dos profesionales de la prensa se desmarcan de una versión oficial y se involucran en una investigación objetiva. La historia es una abierta y aguda crítica al régimen de Jaruzelski y a los oscuros métodos que algunos funcionarios ocupaban cuando se trataba de ocultar una verdad.

En este sentido, se puede calificar a esta serie de thriller político, un subgénero que permite, mediante la ficción, entrar en los enrevesados laberintos del poder y sus prácticas a la hora de mantener intactos las apariencias y privilegios de quienes gobiernan.

La serie está muy bien ambientada y exhibe una excelente recreación de época, apoyada en una buenísima dirección de fotografía y logradas actuaciones. El guión rehuye todo efectismo en las escenas de violencia, y entrega un sólido retrato de una sociedad apresada en las redes de un poder corrupto y de quienes profitan de él.

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