Por José Luis Arredondo.

Con el nombre de Zona Blanca se alude a ese lugar al que por sus condiciones geográficas no llega señal de telefonía celular, lo que hoy por hoy equivale a estar aislado, desconectado, inubicable. Villefranche es una Zona Blanca, y muy particular. Está rodeada por un bosque de inquietante apariencia, en el que suceden hechos inexplicables y terroríficos; un lugar que, según cuentan en el pueblo, los celtas realizaban diversos ritos ancestrales en la antigüedad.

Por otro lado sus habitantes se conocen prácticamente todos entre sí, no siendo sus relaciones del todo amistosas. La guinda de la torta la conforman dos hechos: El pueblo tiene una tasa promedio de homicidios 6 veces superior al resto del país, y desde hace un tiempo extrañas desapariciones mantienen en alerta a la población y la policía local, lo que mantiene en vilo a la población, que cree firmemente en una leyenda que habla de una extraña criatura que vive en lo profundo del bosque.

Con estos elementos como base, los directores Julien Despaux y Thierry Poiraud moldean una excelente serie de suspenso, misterio y terror, creada por el guionista Mathieu Missoffe, que si bien trabaja los tópicos habituales del género, lo hace con una mirada que esquiva los clichés standar del thriller.

De partida, esta coproducción franco-belga equilibra muy bien dos elementos que se potencian mutuamente: Muchos de los habitantes del pueblo parecen llevar una doble vida y esconder más de un secreto, y por otro lado, la influencia del bosque que circunda la localidad parece catalizar los acontecimientos. En este sentido es un lugar que, literalmente, tiene “vida”; un sitio que es mucho más que un paisaje, para constituir una verdadera “entidad”, por lo que es patente y clara la mirada ecológica que sustenta la historia.

Al inicio de la primera temporada (a la fecha van dos), la acción es gatillada por la desaparición de la hija adolescente del alcalde del pueblo, que es además el dueño del aserradero del lugar, lo que lo convierte en el personaje más destacado y poderoso de esta Zone Blanche. Se suma a este elemento la llegada de un singular fiscal de nombre Frank Siriani (Laurent Capelluto), que es enviado desde el poder central a reforzar la investigación sobre sucesivas desapariciones sin resolver.

A cargo de la policía se encuentra la sargento Laurene Weiss (Suliane Brahim), que junto a una escuálida unidad, conformada por los oficiales Nourons (Hubert Delattre) y Hermann (Reanud Rutten), intentan contener, sin muchos resultados, la seguidilla de homicidios y desapariciones.

El paisaje y la acción crean una atmósfera inquietante y siniestra, en la que el aislamiento del lugar y los crímenes sin resolver confieren la tensión necesaria al relato; tensión que se acrecienta a medida que avanzan los episodios y se deja sentir fuerte el elemento sobrenatural, que infiltra muy bien el diario vivir de la localidad y su gente.

«Zone blanche» resulta así un policial de tintes fantásticos y paranormales bien logrado, con un guión que hace cuajar los elementos propios del thriller y el suspense, sin dejar de lado el terror, con una asertiva mirada sobre el elemento “naturaleza” como aspecto central que más que influir, perfila y rige nuestra existencia.

Disponible en Netflix. Dos temporadas de ocho episodios cada una.

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